¿Qué?
– Soy tripofóbica-.
Me lo dijo una alumna al acabar la sesión de clase.
– ¿Por qué lo dices? – le pregunté.
– Porque acabas de usar una imagen tripofóbica en la presentación.
Me hablaba como si yo conociera el tema. No sé muy bien por qué, pero no me atreví a desilusionarla. En vez de reconocerlo, como debía, busqué una forma de preguntar que no hiciera patente mi ignorancia.
– ¿Y?
– Bueno, ha sido una incomodidad – respondió, restando importancia al incidente.
En cuanto salió me puse a teclear la palabra “tripofobia” en el ordenador.
Primera aproximación
Obtuve de Wikipedia la primera respuesta. Los artículos de Wikipedia no siempre son óptimos y deben ser contrastado con otras fuentes, pero en su mayoría son una buena opción para poner a alguien sobre la pista de un tema que desconoce. Allí encontré, entre otras informaciones, la siguiente definición[1]:
“Tripofobia: La tripofobia es una aversión a la vista de pautas repetitivas o de grupos de agujeros o bultitos. No está reconocida como un desorden mental, pero puede ser diagnosticada como una fobia específica si produce miedo o inquietud en exceso. Las personas afectadas experimentan principalmente una sensación desagradable cuando ven imágenes tripofóbicas. Una minoría experimenta la misma intensidad de miedo y desagrado, y otras personas expresan principalmente miedo, o bien desagrado.”
Para mi sorpresa, supe un poco más adelante que Wikipedia había tenido una relación previa y conflictiva con la palabra tripofobia. W. Skaggs cuenta que:
“El término “tripofobia” parece haber sido acuñado por una mujer irlandesa no identificada en un mensaje publicado en un foro de Internet en 2005. La idea se volvió viral: personas que se identificaban como tripofóbicas formaron un grupo en Facebook, crearon un dominio de Internet con el mismo nombre y publicaron videos informativos en YouTube. Se creó y eliminó repetidamente un artículo de Wikipedia por falta de fuentes fiables.”[2]
El nombre se compuso, como es costumbre en ciencia, mediante la unión de dos palabras del griego antiguo: trypos, agujero, y phobos, que significa miedo.
Pronto se convirtió en un tema popular en los medios de comunicación social. Las publicaciones de noticias científicas la citan también con cierta frecuencia, siquiera como mera curiosidad. En los últimos tiempos, la cantidad de trabajos de investigación publicados sobre el tema ha crecido notablemente y los artículos publicados en revistas científicas sobre tripofobia se cuentan por decenas.
Malestar visual
La primera referencia accesible sobre la afección fue publicada por M. Rufo en 1989[3] y describía el caso de una niña que “tenía miedo a los agujeros”, pero su trabajo quedó aislado en el tiempo, como una anécdota insólita.
Pasaron más de veinte años hasta la siguiente publicación sobre tripofobia, una investigación realizada en 2013 por Geoff Cole y Arnold Wilkins[4], de la Universidad de Essex, pioneros en el estudio científico del tema.
“Los autores hicieron ver una imagen de la cabeza de la semilla de loto a 91 hombres y 195 mujeres adultas cuya edad oscilaba de entre 18 a 55 aproximadamente. Los participantes indicaban si la imagen era «incómoda o incluso repulsiva a la vista». Diez varones (11%) y 36 mujeres (18%) comunicaron aversión.”
Aunque desde la década anterior ya corría por internet una moderada cantidad de información sobre la tripofobia, Wikipedia había aceptado hacía muy poco la inclusión del término. El propio Cole se refirió a la tripofobia como “la fobia más común de la que usted no ha oído hablar.»[5] El portal de noticias científicas ScienceDaily titulaba de forma muy previsible su reseña:
“Una fobia común de la que nunca has oído hablar: El miedo a los agujeros puede tener su origen en una respuesta evolutiva de supervivencia”[6].
Wilkins acuñó el término genérico «malestar visual» para describir las molestias desencadenadas por dibujos de rayas, agrupaciones de puntos e incluso líneas de texto. Son efectos derivados de la percepción visual, pero la relación entre la visión y los mecanismos cognitivos asociados a fobias se ha estudiado poco.
Cole y Wilkins señalaron que la mayoría de las imágenes desagradables incorporan típicamente formas pequeñas de alto contraste, como puntos o rayas. El análisis espectral ha permitido confirmarlo.
El trabajo pionero de Wilkins y Cole dio paso a una serie de investigaciones que han permitido avanzar en el conocimiento de la afección. Existe, por tanto, base científica para establecer algunos hechos y abordar nuevas incógnitas.
Hipótesis
Geoff Cole (que sufre personalmente de tripofobia) aventuró una interesante hipótesis:
“Estos hallazgos sugieren que puede haber una parte evolutivamente antigua del cerebro que le dice a la gente que está mirando a un animal venenoso” [7]
La tripofobia sería, por tanto, una manifestación exagerada de aversión a los parásitos destinada, en último término, a proteger la salud[8]. Desde una perspectiva evolutiva, se ha considerado que la tripofobia podría ser:
- aversión a los animales venenosos que poseen energía de alto contraste a frecuencias espaciales de rango medio en su superficie,
- aversión a los grupos de pústulas o formas aproximadamente circulares en la piel humana, que podría ayudar a evitar ectoparásitos y enfermedades infecciosas,
- o como una reacción involuntaria a la dermatosis.
Se ha sugerido que el aspecto de las imágenes tripofóbicas con mayor capacidad de provocar reacciones de desagrado recuerda al de algunos parásitos, o acaso al aspecto de la piel afectada por ciertas infecciones parasitarias, pero muchas reacciones tripofóbicas no parecen ajustarse a este patrón. Entre las cuestiones pendientes de explicación se encuentra el hecho de que hay personas que reaccionan ante las imágenes tripofóbicas[9] con miedo mientras que otras lo hacen con disgusto y aún otras refieren ambas sensaciones.
Investigaciones
Sierra Olmo[10] comenta la situación en que se halla el estudio de la tripofobia y resume buena parte de las investigaciones publicadas hasta 2018 sobre el tema.
“Tripofobia es un término relativamente nuevo para el que aún no existe una definición uniformemente aceptada, lo que también obstaculiza su investigación[11]. Se trata asimismo de un problema que no está reconocido en los manuales diagnósticos y que se popularizó entre la población gracias a foros y redes sociales[12], por lo que los datos epidemiológicos disponibles son, a decir de algunos autores, infraestimaciones. …”
Su amplia introducción explica que las fobias específicas comienzan en la infancia y que en uno de cada seis casos persisten en edad adulta. Se considera que existe una fobia específica cuando una causa concreta, a menudo trivial, desencadena una sensación de miedo injustificada. Ejemplos de fobias específicas son: el miedo a las alturas, a la oscuridad, a viajar en avión, a las tormentas, etc.
Al principio, la mayoría de las investigaciones se dedicó a conocer las características espectrales de las imágenes que pueden desencadenar la tripofobia. Se ha ido confirmando que las imágenes de fuerte contraste de agrupaciones agujeros o bultos que aparecen repetidamente en un campo visual de dimensiones intermedias afectan en mayor medida a las personas sensibles y que el incremento del tamaño de las agrupaciones aumenta también la intensidad de los síntomas.
En 2015, Le et al.[13] elaboraron un Cuestionario sobre tripofobia, (TQ) compuesto por 17 ítems. Ha demostrado ser una herramienta fiable para medir la tripofobia en función de los síntomas y se ha convertido en la prueba de diagnóstico de referencia.
Estudios subsiguientes se han ocupado de este malestar visual. Se ha investigado tanto su fisiología como sus aspectos psicológicos. Una de las cuestiones más estudiadas ha sido la relación entre la tripofobia y ciertos problemas de salud mental, tales como la ansiedad social o el trastorno obsesivo compulsivo y su contribución al malestar de las personas afectadas.
Otro asunto que sigue creando debate es si la tripofobia es o no una fobia. Tripofobia, el vocablo escogido para identificar el trastorno, constituye en sí mismo una auténtica solicitud de inclusión en el grupo de las fobias específicas. Pero, con el provocativo título: ¿La tripofobia es una fobia? Can et al. (ver nota final12) insistían en que en la mayoría de los casos las imágenes tripofóbicas desencadenan reacciones de asco o disgusto y no miedo en las personas sensibles, algo que fue confirmado por un estudio del departamento de ciencias de la salud de la universidad de Emory[14] y otros trabajos posteriores. Se recuerda, además, el manual de referencia, DSM-5 no incluye la tripofobia en su catálogo. Un artículo de análisis recientemente publicado por Cole[15] hace frente a estas y otras cuestiones y defiende su inclusión entre las fobias específicas.
Mucho por aprender
Los síntomas físicos de la tripofobia son: malestar, dificultad para respirar, náuseas, picor y piel de gallina. Las reacciones emocionales asociadas a la tripofobia oscilan entre el miedo y el asco. Presenta amplias variaciones en su intensidad, desde ser una leve molestia pasajera hasta resultar incapacitante. Pero queda mucho por aprender. De vuelta a Wikipedia[16]:
“El conocimiento científico de la tripofobia es limitado. A pesar de que se han hecho pocos estudios sobre tripofobia, los investigadores aventuran que es el resultado de una repugnancia biológica que asocia formas tripofóbicas con peligro o enfermedad y puede por tanto tener una base evolutiva. La terapia de exposición es un posible tratamiento.”
En la última década ha habido notables avances en el conocimiento de las variables sociodemográficas, las características clínicas, las morbilidades asociadas, los niveles de angustia, los rasgos psicológicos asociados y las características visuales de los estímulos. Además, se ha desarrollado y validado una escala de síntomas consistente para la identificación de la tripofobia. Y se ha comenzado a aplicar tratamientos mediante fármacos y psicoterapia.
Martínez-Aguayo et al.[17], en su presentación de un caso, incluyen una lúcida revisión de la literatura publicada hasta entonces. Destacan sumariamente algunas conclusiones de una investigación realizado por Vlok-Barnard y Stein[18]:
“Los síntomas tripofóbicos son crónicos y persistentes y causan angustia. Los diagnósticos de comorbilidad más comunes son los siguientes: trastorno depresivo y trastorno de ansiedad generalizada. El síntoma tripofóbico más común es disgusto en lugar de miedo cuando se enfrenta a imágenes tripofóbicas”
Vlok-Barnard y Stein también hallaron que la mayoría de los participantes que sufrían de tripofobia cumplían con los criterios del DSM-5[19] para fobia específica. Solo un pequeño porcentaje cumplía con los criterios del DSM-5 para el trastorno obsesivo compulsivo.
Por otro lado, se sabe también que algunas de las imágenes desencadenantes de reacciones tripofóbicas resultan desagradables también para personas que no sufren la afección.
La tripofobia aparece asociada principalmente con la cultura urbana de Asia Oriental, y parece darse más en mujeres, pero será necesario confirmar estas impresiones, ya que se trata de los colectivos mayoritarios en las investigaciones, algo que podría sesgar los resultados.
Los medios de comunicación social se han hecho eco de las investigaciones y han popularizado la tripofobia, aunque no siempre de la mejor manera posible. El mismo éxito en las redes sociales que dio a conocer el problema y lo ha mantenido de actualidad ha contribuido a un cierto escepticismo en el ámbito científico. Se llegado a decir con malicia que la tripofobia es un invento de internet. Sin embargo, hay personas que aseguran sufrirla desde muchos años atrás, incluso desde antes de que se popularizara internet. Las investigaciones han confirmado la existencia de un malestar visual que había pasado inadvertido.
La incomodidad de mi alumna fue provocada por una fotografía que mostraba una imagen cercana de un coral, donde podía verse la estructura repetitiva de una cincuentena de pólipos bien ordenados, una imagen pertinente en una sesión sobre biodiversidad. Por lo que sé, nadie más sintió incomodidad alguna.
Ignorante por completo de la existencia de la tripofobia, no sospechaba que esa molestia afectara aproximadamente al 15% de la población (entre el 11 y el 18%)[20] en mayor o menor grado, una proporción asombrosa. Y no esperaba en absoluto que una palabra salida de los foros de internet fuera necesaria para su reconocimiento. Quizá, a veces, las cosas no existen porque no tienen nombre.
© Sensio Carratalà Beguer
Referencias
NOTA PREVIA: He preferido no incluir imágenes en el artículo para evitar posibles molestias a personas tripofóbicas interesadas en la lectura. Es fácil hallar imágenes en muchas páginas de internet y en buena parte de las referencias siguientes.
[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Trypophobia
[2] William Skaggs. Are You Afraid of Holes? scientificamerican.com
“The term “trypophobia” appears to have been coined by an unidentified Irish woman in a post on a Web forum in 2005. The idea went viral: self-identified trypophobics formed a Facebook group, created an eponymous Internet domain and posted informational YouTube videos. A Wikipedia article was repeatedly created and repeatedly deleted for lack of reliable sources.”
[3] Rufo M. [The little girl who was afraid of holes]. Soins. Pédiatrie, puériculture. (1998) 18:3.
[4] Cole, G. G., & Wilkins, A. J. (2013). Fear of Holes. En Perception. 207 Brondesbury Park, London Nw2 5jn, England: Pion Ltd, 2013. p. 363-363.
[5] “… the most common phobia you have never heard of”
[6] Common phobia you have never heard of: Fear of holes may stem from evolutionary survival response. ScienceDaily, 3 September 2013. https://www.sciencedaily.com/releases/2013/09/130903091036.htm
[7] «These findings suggest that there may be an ancient evolutionary part of the brain telling people that they are looking at a poisonous animal,». https://www.sciencedaily.com/releases/2013/09/130903091036.htm#
[8] Tom R. Kupfer1 and Daniel M. T. Fessler. Ectoparasite defence in humans: relationships to pathogen avoidance and clinical implications. 27 May 2024. En https://royalsocietypublishing.org
[9] Imágenes que desencadenan reacciones típicas de tripofobia en algunas personas.
[10] https://digibuo.uniovi.es/dspace/bitstream/handle/10651/60261/TFM_AngelaSierraOlmo.pdf
[11] (Referencia procedente de la cita) Chaya, K., Xue, Y., Uto, Y., Yao, Q. y Yamada, Y. (2016). Fear of eyes: triadic relation among social anxiety, trypophobia, and discomfort for eye cluster. Peer Journal, https://doi.org/10.7717/peerj.1942
[12] Can, W., Zhuoran, Z., y Zheng, J. (2017). Is Trypophobia a Phobia? Psychological Reports, 0(0): 1-14, https://doi.org/10.1177/0033294116687298
[13] Le AT, Cole GG, Wilkins AJ. Assessment of trypophobia and an analysis of its visual precipitation. Q J Exp Psychol (Hove) (2015) 68(11):2304–22. doi:10.1080/17470218.2015.1013970
[14] Vladislav Ayzenberg, Meghan R. Hickey, Stella F. Lourenco. Pupillometry reveals thephysiological underpinnings of the aversion to holes. PeerJ, 2018; 6: e4185 DOI:10.7717/peerj.4185
[15] Cole GG. Is trypophobia real? BJPsych Open. 2024;10(2):e48. doi:10.1192/bjo.2023.621
[16] https://en.wikipedia.org/wiki/Trypophobia
[17] Martínez-Aguayo JC, Lanfranco RC, Arancibia M, Sepúlveda E and Madrid E (2018) Trypophobia: What Do We Know So Far? A Case Report and Comprehensive Review of the Literature. Front. Psychiatry 9:15. doi: 10.3389/fpsyt.2018.00015
[18] Vlok-Barnard, Michelle; Stein, Dan J. Trypophobia: an investigation of clinical features. Brazilian Journal of Psychiatry, 2017, vol. 39, p. 337-341.
[19] DSM-5: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). El número 5 corresponde a la quinta edición.
Existe un manual alternativo publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS): World Health Organization (WHO). International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems 11th ed., ICD-11. WHO, 2021.
[20] Wong SM, Tang EY, Hui CL, Suen YN, Chan SK, Lee EH, et al. Excessive fear of clusters of holes, its interaction with stressful life events and the association with anxiety and depressive symptoms: large epidemiological study of young people in Hong Kong. BJPsych Open 2023; 9(5): e151.
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