Todas las culturas tienen su árbol de la vida. Como creencia tradicional o sagrada, como metáfora, como imagen de referencia o como instrumento básico de comparación, es el caso que la metáfora del árbol de la vida se ha abierto paso en todas las culturas desde los albores de la Humanidad. No solo eso; como los árboles del mundo vegetal, en los lugares donde echó raíces con el tiempo ha crecido en magnitud, en complejidad, en significado y en importancia.

Árbol de la vida del cerebelo
Todas las personas llevamos el árbol de la vida metido en la cabeza. Es toda una ironía que los libros de anatomía muestren cortes del cerebelo donde puede verse una estructura que recuerda a un árbol y recibe, cómo no, el nombre de “árbol de la vida”.
La metáfora del árbol
Aristóteles definió metáfora (μετάφέρω) como la traslación o cambio del nombre de una cosa a otra. La palabra resulta de la composición de dos palabras: μετά, que significa más allá, y φέρω, que significa transportar o trasladar. Con el cambio o traslado del nombre se altera el significado del vocablo original al asociarlo a otra cosa.
De forma parecida, el diccionario de la RAE define la voz metáfora:
“Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones. “
Esta definición tiene tres partes:
• la primera parte es directamente la etimología de la palabra,
• la segunda es una condición: una comparación tácita que exige la existencia de al menos dos seres con al menos un parámetro común,
• la tercera consiste en dos ejemplos destinados a facilitar la comprensión del significado de la definición.
Muchas de las metáforas asumidas culturalmente desde antiguo han sido integradas en el lenguaje hasta tal punto que son empleadas cotidiana e inadvertidamente en el contexto de un determinado grupo cultural, dentro del cual tienen un significado preciso y de cuyo imaginario colectivo forman parte.
Las metáforas son uno de los recursos del lenguaje que muestra mayor dinamismo. Dado que su uso lingüístico es de tipo comparativo, a medida que una población adquiere nuevas costumbres y nuevas pautas de conducta social va creando sus nuevas comparaciones y renueva o recrea sus metáforas, relacionadas por lo general con los nuevos usos, al tiempo que paulatinamente muchas de las viejas van quedando relegadas, pierden valor como referencias aptas para la comparación y caen en desuso.
El árbol de la Vida
Encéfalo humano aparte, quizá porque los grandes árboles son manifestaciones imponentes de la vida o porque muchos de ellos proporcionan frutos, o acaso por su familiaridad con las poblaciones humanas e incluso prehumanas, la metáfora del “árbol de la vida” es tan antigua como recurrente, hasta el punto de que prácticamente cada civilización antigua cuenta con su propio “árbol de la vida” sagrado.

Al parecer, la primera mención conocida al Árbol de la Vida data de hace cinco mil años y procede de la antigua mitología persa. En ella se cita un árbol llamado Gaokerena, el árbol del mundo,[1] del que se extrae el jugo de la inmortalidad. En sus ramas lleva las semillas de todas las plantas del mundo. Por esta razón es venerado como el Árbol de la Vida.
No mucho más tarde, una de las tradiciones del Antiguo Egipto afirmaba que la acacia de Saosis[2]es el “Árbol de la Vida”, del que nacieron Osiris e Isis.
Más familiar nos resulta el Árbol de la Vida citado en el capítulo primero del Génesis, que acaso retoma una antigua idea acadia cuyo origen se perdió en la noche de los tiempos. El Génesis, en su descripción del paraíso, incluye el siguiente texto:
“Hizo Yave Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.”[3]
El árbol de la vida también aparece citado, por dos veces, en el apartado siguiente[4], [5].
Del resto de los grandes árboles bíblicos, únicamente el Árbol de la Ciencia que hubo en El paraíso es citado, por dos veces.[6] Los datos de longevidad y descendencia de la Biblia han permitido trazar el Árbol de Jesé, que resume la genealogía patrilineal desde Adán hasta Jesús y es una de las formas del Árbol de la Vida.

El Árbol de la Inmortalidad[7] es citado en el Corán como único Árbol del Jannah o paraíso del Islam.
En la India, los relatos de Los Vedas explican que el «Árbol del Mundo«, denominado Kalpavriksha[8], es también el Árbol de la Vida. Es una historia que reaparece en textos sánscritos posteriores.
Tres grandes árboles
Los ejemplos anteriores no son más que una muestra de un fenómeno mucho más amplio. Hubo muchas más culturas que albergaron en su seno muchos más árboles de la vida.
En el ámbito de la filosofía occidental, cabe destacar tres árboles:
1. Árbol de la ciencia del bien y del mal
- Aparece en el Genesis y tiene carácter moral.
“Tomó, pues, Yave Dios al hombre, y le llevó al jardín de Edén para que lo cultivase y guardase, y le dio este mandato: «De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.»”[9]
- La tentación de la serpiente hizo concebir a la mente humana la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, antes inimaginable. Como es sabido, el funesto relato prosigue con una mala decisión, el incumplimiento del mandato divino y la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.
2. Árbol de Porfirio
El Árbol de Porfirio representa la lógica y deriva de las enseñanzas de Platón y Aristóteles. Porfirio (232-304) fue discípulo de los neoplatónicos Plotino y Longinos. El propio Porfirio se ocupó de la edición de las Enéadas de su maestro Plotino, así como de su biografía. Contra la opinión de su maestro, defendió el esquema de categorías aristotélico. Su obra Isagoge (o introducción a las categorías de Aristóteles), en la traducción latina de Boecio, se convirtió en texto fundamental para el estudio de la lógica en el Medievo.

Durante el desarrollo de la lógica en la antigua Grecia, tal como fue establecida por Platón y Aristóteles, se empleó profusamente la dicotomía como método para discernir partes de un conjunto de forma clara, tanto en una idea como en un grupo de seres. La dicotomía permitía separar en dos clases elementos que tuvieran o no una determinada propiedad, o que cumplieran o no una determinada condición. Los dos grupos establecidos en una división dicotómica eran nítidos, y permitían a su vez subdivisiones ulteriores. La dicotomía resultó ser una herramienta útil tanto para el desarrollo de la lógica como para la confección de clasificaciones. Además, añadir una dicotomía tras daba como resultado una estructura ramificada, algo que lleva a pensar en un árbol.
Porfirio, en su Isagoge, presentó una forma de dicotomía lógica que devino canónica y dio en llamarse Árbol de Porfirio. A cuenta de ello se atribuye a su autor el inicio del nominalismo[10], fundamento de las clasificaciones (de tenor aristotélico) empleadas para el conocimiento y la sistematización de la variedad de los seres. Este árbol lógico acabó por ser integrado en las representaciones del árbol de la vida.
3. Árbol del saber, Arbor Scientiae
El árbol del saber, Arbor Scientiae, Árbol de conocimiento o Árbol Enciclopédico, hunde sus raíces en el Génesis e intenta sistematizar todos los saberes. Fue intensamente estudiado y difundido por el mallorquín Ramon Llull en el siglo XII. De conformidad con el pensamiento de su época, Llull (1235-1315) asocia la Scala Naturae a la teología cristiana y, siguiendo al neoplatónico Plotino, apunta que la perfección de los seres se relaciona con su proximidad a Dios y considera que es posible ascender por la escala en sabiduría y perfección.

En su Ars Magna,[11] Llull propone representaciones gráficas para todo el conocimiento, desde los seres inanimados hasta los atributos de Dios. Muchas de sus elaboraciones se apoyan en el árbol de Porfirio[12].
El corazón de la metáfora
Las metáforas no son imágenes intrascendentes ni simples pasatiempos sin consecuencias, sino referencias que condicionan nuestra forma de pensar. El meollo de la metáfora es la convicción de que los diversos saberes humanos proceden de un árbol común cuyas raíces arraigan, obtienen los nutrientes de la tierra y permanecen ocultas. El tronco tiene una función de sustentación y conduce las substancias nutritivas hasta las ramas. El tronco es la unidad de la que brotan las distintas ramas de la ciencia. Además de Ramon Llull, Alberto Magno, Francis Bacon, D’Alembert y Ampère, fueron algunos de los autores que emplearon la metáfora del árbol como recurso para organizar el conocimiento.
El dibujo del árbol de la biodiversidad
La clasificación de los seres vivos suele tomar el aspecto de una figura ramificada[13], organizada según la lógica del árbol de Porfirio. Desde Aristóteles, las clasificaciones de los seres vivos admiten una representación arborescente. Su propósito obvio es ayudar a comprender la diversidad de la vida mediante una imagen sinóptica del conjunto deseado según criterios lógicos establecidos.
Con el tiempo, en el estudio de los seres vivos, a medida que se adquirían nuevos conocimientos, los esquemas lógicos se hicieron más y más complejos. La búsqueda de sistemas eficaces de clasificación sigue aún lejos de concluir. No siempre es posible establecer dicotomías. Cuando no se dispone de suficiente seguridad para el establecimiento de criterios de división de un grupo, se opta por ramificaciones tentativas, que podrán ser sustituidas más adelante cuando nuevos descubrimientos lo hagan conveniente.
Clasificaciones naturales
Es posible clasificar las especies de plantas que producen flores por su color o porque son comestibles, pero estas formas arbitrarias de hacer agrupaciones, aunque puedan ser útiles para fines concretos en un momento dado, no muestra las verdaderas relaciones entre los seres vivos. El estudio científico de la biodiversidad se esfuerza precisamente en descubrir esas relaciones. Hay plantas muy alejadas entre sí que producen flores del mismo color y también hay plantas casi idénticas que producen flores de color distinto. Sin duda estas últimas deben estar en el mismo grupo taxonómico porque su relación es mucho más estrecha que una coincidencia de color aislada.
El título que dio Linneo a sus clasificaciones fue “sistema natural” y se entiende perfectamente la razón. Era un sistema que según el sabio sueco representaba las auténticas relaciones naturales entre los seres vivos. Él se consideraba una persona privilegiada por Dios, quien le había otorgado una capacidad extraordinaria para descubrir el orden en las criaturas de la creación. Justificada o no, sin duda tal convicción le ayudó a conseguir las clasificaciones más exitosas de su época. Aún utilizamos parte de su nomenclatura. Sus divisiones sucesivas se basaban en criterios ajustados a las características reales más importantes de los organismos disponibles en cada nivel. Los grupos obtenidos en cada subdivisión estaban formados por componentes semejantes que mostraban un conjunto de caracteres que les daban un aire familiar. Las divisiones se basan en las diferencias y las agrupaciones se hacen por afinidades. Idealmente, cualquiera de los individuos de un grupo debía parecerse más al resto de individuos de su grupo que a cualquier individuo de cualquier otro grupo.
Las clasificaciones de Linneo, como las anteriores, tenían forma de árbol. Un tronco común se subdividía una y otra vez dando lugar a ramas cada vez más finas, hasta llegar a la especie. Siguiendo aún a Aristóteles, cada especie tenía su propia esencia y era invariable, fija. Las especies eran tal como fueron creadas. El resultado era un árbol lógico que no siempre se ajustaba a la norma dicotómica. También era semejante en su aspecto a los árboles genealógicos, pero Linneo no se comprometía con relaciones de descendencia.
Árboles genealógicos
Desde el siglo XVII, había ido prosperando la idea de que Dios, tras la Creación había dejado de intervenir y el mundo era gobernado por las leyes naturales establecidas. En asuntos naturales, del teísmo se fue pasando al deísmo.
Fue a lo largo del siglo XVIII cuando finalmente se adquirió conciencia de que las clasificaciones de los organismos podían superar la limitada condición de árboles lógicos y ser también de indudable utilidad para la ordenación y comprensión de la diversidad de la vida y su genealogía.
La popularidad ganada en la época por los árboles genealógicos se debía en realidad a que servían para representar gráficamente las relaciones de parentesco en linajes reales o de personajes religiosos. Actualmente se siguen empleando, no solamente por el interés de personas que quieren conocer la historia de su familia sino también en investigación genética, tanto para la determinación del pedigrí y la selección de animales con ciertas características como para el estudio de enfermedades heredables.
Los árboles genealógicos clásicos no solo tenían forma de árbol, sino que incorporaban el tiempo como dimensión. En las ilustraciones, de acuerdo con la idea de descendencia, el tiempo más antiguo se ubicaba en la parte superior y la parte inferior mostraba al individuo o la familia cuya genealogía quedaba dilucidada.

La Geología conducía a pensar que la Tierra tenía millones de años de antigüedad. Los fósiles atestiguaban que el mundo había cambiado. El cálculo del tiempo necesario para la formación de los omnipresentes estratos sedimentarios daba resultados que debían medirse en millones de años. El éxito del uniformismo de Lyell[14] supuso un estímulo para explorar los fenómenos geológicos en las profundidades del tiempo.
Incluso el estudio de las lenguas contribuyó al cambio. El estudio de las relaciones entre distintos lenguajes llevó a considerar la existencia de un tronco indoeuropeo. Surgió la idea de un árbol lingüístico cuyo tronco había dado lugar mediante ramificación a los lenguajes actuales. Recorriendo el camino inverso, desde las ramas en dirección al tronco, se podría hacer un viaje hacia el pasado y descubrir la lengua que hablaron Adán y Eva en el Paraíso y perdida en el episodio bíblico de la Torre de Babel. El árbol lingüístico tenía una innegable dimensión temporal.
En este pasaje de “El origen de las especies”[15], Darwin declara su convicción de la existencia de concordancia entre la evolución biológica y la evolución lingüística.
“Si tuviéramos una genealogía perfecta de la humanidad, una disposición genealógica de las razas humanas proporcionaría la mejor clasificación de los distintos idiomas que ahora se habla en todo el mundo; …”
Árboles evolutivos
El primer diagrama que incluyó intencionalmente el tiempo en relación con la afinidad natural de las especies fue presentado por Lamarck en su Filosofía Zoológica de 1809[16] para el origen de los diferentes animales, según reza el título.

Se trata de una representación esquemática muy sencilla de la evolución de los animales según la teoría que había elaborado el propio Lamarck. Las relaciones entre los distintos grupos se representan mediante líneas de puntos de una manera que parece un tanto tímida. Los taxones aparecen a veces yuxtapuestos formando grupos (infusorios, pólipos, radiados…), que las líneas de puntos relacionan con otros.
Sin duda sorprende la ausencia de los equinodermos, que incluye en los radiados, la reunión de anélidos, cirrípedos y moluscos, la inclusión de los anfibios en los reptiles y la situación de los monotremas como descendientes de las aves, entre otras cuestiones.
La importancia de la ilustración consiste en que tiene en consideración el tiempo, que fluye de arriba hacia abajo y expresa que, en opinión de Lamarck, ciertos animales descienden de otros anteriores y más simples.
Aunque presenta cierta ramificación, en realidad el diagrama no es un árbol o, si se prefiere, es un árbol invertido, dibujado boca abajo.

Como muestra la siguiente ilustración, tan esquemática y figurativa que podría pasar por un árbol recién podado, en la actualidad los árboles evolutivos suelen dibujarse con la flecha del tiempo apuntando hacia arriba. Aunque puede considerarse una convención, es también la disposición cronológica habitual de los estratos en los depósitos sedimentarios, (los estratos antiguos abajo y los más recientes arriba) y también la dirección en que crecen los verdaderos árboles.

Darwin produjo dos diagramas ramificados, sin denominarlos árboles de la vida. El primero, poco más que un boceto no destinado a la publicación, data del 1837 y aparece entre las anotaciones de su cuaderno B. El segundo árbol, un diagrama evolutivo hipotético y genérico bastante más detallado, es la única ilustración de su libro más famoso, “El origen de las especies”[17], publicado en 1859. Cuando Darwin publicó el diagrama, los árboles ramificados que representaban la clasificación eran bien conocidos. La novedad estuvo en su interpretación; por primera vez se asumía que todos los seres vivos compartían una historia de descendencia con modificación, (sometida a selección natural) tenían ancestros comunes, eran familia. De acuerdo con Darwin, toda verdadera clasificación era una genealogía, mostraba relaciones filogenéticas
Los árboles de Haeckel, magnífico dibujante, son plenamente evolucionistas y constituyen una iconografía espléndida que muestra con un detalle hasta entonces desconocido la relación entre los distintos grupos de seres vivos, si bien no se libra del todo, (como muestra la imagen de la derecha), de la idea de camino de perfección que fue tan cara al viejo Aristóteles.

| Dos ilustraciones de Haeckel. El dibujo de la izquierda representa en forma de árbol de tres ramas los tres reinos en que divide el conjunto de seres vivos, que nacen de un tronco común. La segunda imagen muestra el árbol que representa la filogenia del hombre, el cual aparece en la cima como cúspide de la evolución. |
Las clasificaciones que siguen son del siglo XX. Son ilustraciones sencillas que atienden la necesidad de representar de manera sinóptica la variedad de las formas de vida. La primera y más sencilla fecha de 1929, la segunda es de 1970. Describen la historia de la vida mediante la implícita flecha del tiempo orientada cómo es normal hacia arriba. Cómo en los árboles de Haeckel, algunas de sus ramas son muy cortas mientras que otras han conseguido un gran desarrollo y están profusamente ramificadas. Describen sucintamente las relaciones filogenéticas entre los principales grupos de seres vivos.

Pero también cuentan una historia de progreso triunfante, que va desde la simplicidad mínima posible hasta la aparición de los organismos más complejos. Sustentan la idea que las especies vivientes han triunfado sobre las que se han extinguido a lo largo de la historia de la vida en la Tierra.
El árbol es al final una forma muy razonable de presentar la biodiversidad cronológicamente ordenada, pero también es pertinente, incluso necesario, tener en mente que la aparición de los seres eucariontes no supuso la desaparición de las bacterias y que la emergencia de los anfibios no supuso la desaparición de los peces.
Quizás es un buen momento para recordar que los seres vivos más abundantes de nuestro mundo continúan siendo las bacterias y que los árboles taxonómicos más habituales representan en realidad las novedades ordenadas según el tiempo que hace desde cuando aparecieron.
En tiempos recientes, metidos ya en pleno siglo XXI, ha habido una proliferación de formas gráficas destinadas a representar la biodiversidad. El diseño escogido depende de la misión que tiene que cumplir la figura en su publicación. El árbol continúa presente, entendido como estructura lógica ramificada, si bien con frecuencia gira 90° y la flecha del tiempo apunta de izquierda a derecha en vez de señalar hacia arriba. Muchas de las figuras presumen de imaginación y exhiben diseños novedosos sin perder eficacia.
A menudo el tiempo no se muestra explícitamente, sino que queda sobreentendido como una obviedad. También suelen omitirse las raíces del árbol. O la flecha del tiempo apunta hacia abajo. En los gráficos circulares o semicirculares la flecha del tiempo apunta en todas direcciones ya que es cualquier radio que se aleja del centro y el ángulo de separación entre los grupos representa distancias morfológicas o genéticas. E inevitablemente, si se quiere hacer un esquema sinóptico de dimensiones razonables de la evolución biológica desde su origen, resulta del todo imposible respetar la proporcionalidad temporal, dado que casi el 85% del tiempo transcurrido desde que hay vida en la Tierra no hubo más que procariotas y, en una ilustración estrictamente proporcional, el resto de los organismos, que suelen interesarnos mucho más, acabaríamos acantonados en un rincón de la periferia. Afortunadamente, con un poco de inteligencia podemos dibujar los árboles de la vida que compaginen tanto la necesidad de entender como el placer de contemplar e imaginar.
Tres billones de árboles
Nuestro planeta tiene en la actualidad más de 3 billones de árboles[18], una cifra impresionante que según los cálculos es aproximadamente la mitad de los 6 billones que albergó hace unos doce mil años. Dado que la Humanidad actual ha superado los ocho mil millones de individuos, hay menos de 400 árboles por persona. Confieso que el resultado del cálculo me ha decepcionado. Esperaba más. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el ser humano es (o fue) solo uno de entre los organismos terrestres grandes que habitan el planeta.


La representación arborescente condiciona nuestra interpretación del mundo natural. Como cualquier analogía, es útil pero no perfecta. Consideramos un par de cuestiones para acabar.
Cuando miramos un árbol no vemos más que la parte que sobresale de la tierra. Tenemos tendencia a pensar que la vida en nuestro planeta tiene un tronco y una copa más grandes que las raíces, pero parece que la situación real es decididamente la inversa y que la extensión de las raíces es enorme. Los árboles, también los taxonómicos, tienen raíces que se ramifican y entran en relación con la ingente cantidad de seres vivos que habitan en el suelo.
La analogía también nos lleva a pensar que las ramas siempre son divergentes y no hay opción para la coalescencia, pero desde los años 90 se reconoce que la simbiosis ha tenido un papel en la historia de la evolución biológica y que entre los organismos procariotas ha habido intercambio de información genética. Excepcionalmente, algunos organismos pluricelulares todavía pueden hacerlo. La separación de las ramas no llega a ser absoluta, mucho menos en las larguísimas raíces de la vida. La adquisición de información genética y la colaboración entre procariotas fue clave de la aparición de la rama eucariota de donde surgió la especie humana. Según ha ido aumentando el conocimiento de la vida en la Tierra, se hace cada vez más patente la necesidad de valorar también la parte oculta de los árboles taxonómicos porque su conocimiento es fundamental para entender la vida que nos ha hecho posibles.
© Sensio Carratalà Beguer
ARTÍCULOS
Nathalie Gontier. Depicting the Tree of Life: the Philosophical and Historical Roots of Evolutionary Tree Diagrams. https://link.springer.com/article/10.1007/s12052-011-0355-0
Manizheh Abdollahi; Faride Pourgiv. A Historical-Literary Survey of Medicine in Ancient Iran. Research on History of Medicine/ 2012 Aug; 1(3): 97-102.
Jaime Nubiola. La ramificación del saber según C. S. Peirce. Publicado en E. Sandoval (ed.), Semiótica, lógica y conocimiento. Homenaje a Charles Sanders Peirce, México, UACM, 2006, 35-54.
Penny D (2011) Darwin’s Theory of Descent with Modification, versus the Biblical Tree of Life. PLoS Biol 9(7): e1001096. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1001096
NOTAS
[1] Carus, Paul (1897) «Mazdaism. The Religion of the Ancient Persians. Illustrated.,» The Open Court: Vol. 1897: Iss. 3, Article 3. https://opensiuc.lib.siu.edu/ocj/vol1897/iss3/3
[2] ML Buhl – Journal of Near Eastern Studies, 1947 – journals.uchicago.edu. https://www.journals.uchicago.edu/doi/pdf/10.1086/370820
[3] El texto seleccionado induce al debate sobre si en el centro del Paraíso había uno o dos árboles, es decir, si el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal son el mismo árbol o son árboles distintos. Nácar-Colunga parecen optar por la segunda opción.
[4] Génesis 3, Tentación, caída y primera promesa de redención. En Nácar-Colunga, Sagrada Biblia, 1944, BAC.
[5] La expresión “árbol de la vida” aparece en la Biblia tres veces más, en el libro del Apocalipsis, una en la carta a la iglesia de Éfeso y dos en el epílogo. En Nácar-Colunga, Sagrada Biblia, 1944, BAC. En el libro de los Proverbios aparece tres veces la expresión “árbol de vida”, que podría no tener el mismo sentido. Proverbios (3:18; 11:30)
[6] Génesis 2, El Paraíso. En Nácar-Colunga, Sagrada Biblia, 1944, BAC.
[8] Kalpavriksha: Kumar Nanhe, Bhupesh; Malhotra, Manish; Bhosale, Malojirao. Sacred Plants in Indian Mythology. Folklore Connect Wildlife & Biodiversity, 2023, p. 121.
[9] Génesis 2, El Paraíso. En Nácar-Colunga, Sagrada Biblia, 1944, BAC.
[10] Nominalismo: En metafísica, el nominalismo es la opinión de que los objetos universales y abstractos no existen en realidad más que como meros nombres o etiquetas. Hay al menos dos versiones principales del nominalismo. Una versión niega la existencia de universales, cosas que pueden ser instanciadas o ejemplificadas por muchas cosas particulares (p. ej., fuerza, humanidad). La otra versión niega específicamente la existencia de objetos abstractos, objetos que no existen en el espacio y el tiempo.
[11] Ramon Llull. 1232-1315 aprox. Impressum per Petrum posa …, 1501 decima mensis aprilis. https://www.cervantesvirtual.com/obra/ars-magna
[12] Arbor naturalis et logicalis, Natürlicher logischer Baum. Der Mittelteil des Baumes entspricht der Arbor porphyrii, die zusätzlichen Blätter auf der rechten Seite stehen für zehn Arten von Fragen, die Blätter links sind Buchstabenschlüssel. Daneben Ars Magna. https://anthrowiki.at/Ars_generalis_ultima#/media/Datei:Ramon_Llull_-_Ars_Magna_Tree_and_Fig_1.png
[13] https://sensio.com.es/aristoteles-y-la-clasificacion-de-los-animales/
[14] https://link.springer.com/article/10.1023/a:1006504910017
[15] Darwin. On the origin of species by means of natural selection, or the preservation of favoured races in the struggle for life. London: John Murray, Albemarle Street. 1859. Pag. 422–423. Traducció pròpia.
[16] C. Lamarck. Philosophie Zoologique. Volume II. Page 463.
[17] C. Darwin. On the origin of species by means of natural selection, or the preservation of favoured races in the struggle for life. London: John Murray, Albemarle Street. 1859.
[18] https://www.scientificamerican.com/article/how-many-trees-are-there-in-the-world-video/
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