Primeras ideas
Las primeras ideas científicas sobre el origen de los seres vivos aparecieron en la antigua Grecia.
Anaximandro (610 – 546 a. C) propuso que los seres vivos habían salido del agua. En su opinión, los seres humanos habrían surgido de peces que fueron arrojados a la costa y ocuparon la tierra.
Empédocles (492 – 432 a. C.) es recordado sobre todo porque fue quien postuló la existencia de los cuatro elementos clásicos que forman el mundo: fuego, aire, agua y tierra.
“Empédocles sostenía que los elementos primarios del universo eran tierra, aire, fuego y agua que eran eternos. Ellos no fueron creados ni podrían ser destruidos, y no se podría crear nada más. La combinación y la separación de estos elementos permitió que todas las sustancias el mundo por formarse. El amor es el principio por el cual las sustancias se combinan y la discordia es el principio por el cual se separan.
Los cuatro elementos eternos y las dos fuerzas motrices Amor y Discordia constituyen la totalidad del mundo:
De estas cosas brotaron todas las cosas que eran, son y serán, árboles y hombres y mujeres. Las bestias, las aves y las aves criadas en el agua, y los también los longevos dioses, los más poderosos en sus prerrogativas.”[1]
Empédocles, en el 400 a. C., postuló que en los tiempos primitivos brotaron de la tierra fragmentos corporales, órganos, miembros, … que se combinaron entre sí. Muchas de esas combinaciones produjeron monstruos que perecieron, pero algunas dieron lugar a seres capaces de sobrevivir. Estas ideas se han relacionado con la Evolución e incluso con la selección natural.[2]
Empédocles estableció también la primera gran diferenciación entre los seres vivos en dos categorías: animal y vegetal.
Los tres más grandes
Sócrates (470 – 399 a. C.) fue maestro de Platón (427 – 347 a. C.), quien lo fue a su vez de Aristóteles (384 – 322 a. C.).
La directa y breve conexión anterior reúne las tres grandes cumbres de la Filosofía griega clásica. No hubo área del conocimiento que no fuera objeto de su interés.
Conocemos la obra de Sócrates a través de los escritos de Platón, Aristófanes y Jenofonte[3]. El propio Sócrates no dejó obra escrita y adquiere de este modo un aire legendario.
Platón fundó su centro de enseñanza, la Academia en el año 387 a. C. Entre sus actividades estaba el estudio de matemáticas, astronomía, ciencias naturales, medicina y filosofía.
Casi todos los temas tratados posteriormente en Filosofía tienen un precedente en Platón. Como expresó Whitehead en su cita más famosa:
“La más segura caracterización general de la tradición filosófica europea es que consiste en una serie de notas a pie de página de Platón.”[4]
Tras la muerte del maestro, la Academia continuó sus actividades hasta que el general romano Sila saqueó Atenas en el 86 a. C. Con posterioridad, la Academia renació y desapareció varias veces hasta la clausura definitiva decretada por Justiniano en el año 529.
Aristóteles, que fue alumno de la Academia durante veinte años, fundó su propia escuela, el Liceo, en el año 335 a. C., doce años después de la muerte de su maestro Platón.
Pero el respeto al maestro andaba muy lejos de la sumisión. Las enseñanzas de Platón y Aristóteles muestran profundas divergencias.
El Liceo prolongó sus actividades durante siglos, hasta el saqueo de Atenas del año 86 a.C. Pero en el siglo II d.C. el Liceo había renacido y mantuvo su actividad hasta el año 267 d. C. cuando Atenas fue destruida por la tribu germánica de los Hérulos[5].
Cuando fui estudiante del antiguo Bachillerato, (sí, anterior a la vieja EGB), me dio por pensar que Aristóteles no podía ser una sola persona. Fue una convicción persistente que lecturas posteriores han ido desdibujando. La inmensidad de su obra me sobrecogía y sigo impresionado por la variedad de su producción, su calidad y su magnitud. En la asignatura Filosofía aprendí que había escrito sobre Ética, Lógica, Retórica, Política, Economía, Metafísica, Astronomía, Física, Ciencias Naturales, e incluso sobre las Ideas y los Sueños. Por si faltaba algo, fue preceptor de Alejandro Magno[6]. Si duda fue un tipo exageradamente trabajador. Por una rara confabulación de mérito y fortuna, su obra ha influido durante milenios en la cultura occidental y aun se deja sentir.
Aristóteles y la clasificación de los animales
Aristóteles (384 a 322 a. C.) es el gran referente griego del estudio de la Naturaleza. Asumió los cuatro elementos de Empédocles e hizo una primera gran clasificación de los animales.
Si Aristóteles hubiera levantado la cabeza unos mil quinientos años después de su muerte se hubiera llevado una sorpresa mayúscula (y cabe imaginar que también una gran satisfacción) al descubrir que sus textos gozaban de plena actualidad y su palabra era poco menos que sagrada para las mentes más brillantes de la época.
Alberto Magno (1193 – 1280), (que recibió el sobrenombre de Doctor Universalis en reconocimiento de su sabiduría), era sin duda una de las mentes más brillantes del siglo y se ocupaba de conciliar la obra del filósofo griego con el cristianismo. Su éxito fue tal que Aristóteles pasó de ser un autor sospechoso por su paganismo a gozar de un admirativo respeto que rayaba en la veneración por parte de la Iglesia. Los propios trabajos de Alberto Magno sobre el mundo natural incluyeron la clasificación de los animales de Aristóteles y también la que hizo su discípulo y sucesor en el Liceo Teofrasto para las plantas.
Debido al prestigio alcanzado por Aristóteles, su clasificación fue aceptada con algunas modificaciones hasta el siglo XVIII. En sus libros sobre los animales[7] junto a grandes aciertos y agudas observaciones, incluyó algunas leyendas populares de su tiempo, interpretaciones erróneas y algunas descripciones incorrectas, pero gran parte de su obra muestra el resultado de un trabajo serio y juicioso, corrige o desmiente multitud de creencias infundadas y ofrece detalles sorprendentemente modernos en algunos capítulos, entre los que suele citarse el estudio de los tiburones[8].
En su esfuerzo por poner orden a la diversidad de los animales, Aristóteles establece una clasificación según las características que considera principales. En primer lugar, divide los animales en dos grandes grupos: los que tienen sangre roja o sanguíneos y los no sanguíneos.
Por otra parte, en sus observaciones comprueba una y otra vez que mientras algunos animales son muy simples, otros muestran una gran complejidad. Decide ordenar todos los seres por su grado de perfección, desde los inferiores, apenas distinguibles de las plantas, hasta el hombre, culmen indudable del mundo animal. El resultado es la Scala Naturae, una escala donde todos los seres inertes y vivos aparecen ordenados según su grado de perfección, desde los minerales hasta el hombre. La Scala Naturae es conocida también como la Gran Cadena del Ser[9].

Su primer criterio de clasificación de los animales es la presencia o ausencia de sangre.
En la clasificación, que muestra la imagen[10], la numeración expresa el grado de perfección de los animales en orden descendente. Arriba aparece el Hombre, el más perfecto de los animales. A continuación, los grupos zoológicos siguen la numeración hasta llegar al número 11, los Zoófitos o animales-plantas, los más imperfectos de todos.

Puede observarse que su título en mayúsculas: “ANIMALES SANGUÍNEOS” solo incluye los grupos numerados del 1 al 6. El esquema da un tratamiento muy distinto al título “Animales no sanguíneos”, en minúscula y dentro de la clave “Ovíparos (con huevo imperfecto)”, manifestando su menor importancia.
En resumen, por una parte, la clasificación divide los animales en dos grandes grupos: animales sanguíneos y animales no sanguíneos. Pero, según puede verse en la columna izquierda de la imagen, utiliza el producto inicial de la reproducción, a partir del cual se desarrollará el organismo, para hacer una división de todos los animales en cuatro grandes grupos: Vivíparos, Ovíparos, Ovíparos (con huevo imperfecto), Vermíparos y Producidos por limo fértil o por generación espontánea.
Es interesante observar que dentro del grupo Ovíparos (con huevo imperfecto) sucede la separación entre animales sanguíneos y animales no sanguíneos. El grupo 6. Peces forma parte de los animales sanguíneos, mientras que el 7. Malacodermos y siguientes son Animales no sanguíneos. Existe por tanto una superposición de criterios que da pie a considerar que hay dos clasificaciones superpuestas.
Más interesante, si cabe, es la aceptación de la generación espontánea, que queda relegada a los dos grupos más imperfectos: 10. Moluscos y 11. Zoófitos. El debate sobre la existencia o no de generación espontánea aparecerá con fuerza en el siglo XVII y se extenderá hasta finales del siglo XIX[11].
Algunas expresiones son llamativas. Los cuadrúpedos peludos son los mamíferos, y se distinguen de los cuadrúpedos escamosos, los reptiles, mientras que las aves tienen plumas, es decir, se emplea como criterio de segregación la cubierta de la superficie externa.
La escala animal de Aristóteles. [12]
| Modificada por Alberto Magno (fide A. C. Crombie, 1959) | |
| ANIMALES SANGUÍNEOS (ENAIMA) | ANIMALES NO SANGUÍNEOS (ANAIMA) |
| Vivíparos | Ovíparos con huevo imperfecto |
| Hombre | 7. Malacodernos (cefalópodos) |
| Cuadrúpedos peludos (mamíferos terrestres, clasificados por pezuñas, dientes, etc.) | 8. Malacostráceos (crustáceos) |
| Cetáceos (mamíferos marinos) | Vermíparos |
| Ovíparos | 9. Entoma (Insectos, lombrices, etc., los animalia corpora annulosa habentia según Alberto Magno) |
| Aves (clasificadas por patas palmeadas y prensiles, etc.) | Producidos por limo fértil o generación espontánea |
| Cuadrúpedos escamosos y ápodos (reptiles y anfibios) | 10. Ostracodermos (moluscos, salvo excepciones) |
| Ovíparos con huevo imperfecto | 11. Zoófitos |
| Peces | |
Sin ánimo de comparar esta clasificación con las actuales, en ella puede apreciarse virtudes notables, como la identificación de los cetáceos como mamíferos. También identifica correctamente, (aunque su denominación pueda entenderse como una contradictio in terminis), los cuadrúpedos ápodos, en particular las serpientes, dentro del grupo de los reptiles o cuadrúpedos escamosos. Es decir, acepta las serpientes en el grupo como “cuadrúpedos sin patas”. En el texto de su Historia de los animales acepta que hay peces vivíparos[13], en contra de lo que indica el esquema general.
Finalmente, incluye al hombre en la clasificación, bien que en situación preeminente, como el más perfecto de todos los animales, a gran distancia del resto.
Sorprendentemente, mil quinientos años más tarde, tras haber transitado a través de épocas de gloria y épocas oscuras, la obra de Aristóteles volvía a estar plenamente vigente. Su clasificación de los animales, revisada por Alberto Magno en el siglo XIII, se muestra aquí en forma de tabla:
Puede advertirse que en esta tabla de dos columnas aparece repetido el grupo Ovíparos con huevo imperfecto. Mediante esta repetición se soslaya el solapamiento visible en el esquema anterior.
La tabla que puede transformarse en árbol
Una tentación difícil de evitar es la de transformar esta tabla en un árbol. Pero ocurre que la transformación traiciona la perspectiva aristotélica. Porque la tabla es una clasificación y también la Scala Naturae.
Tanto en la tabla como en el árbol los grupos finales aparecen numerados. Los números dan cuenta de su posición en la Gran Cadena del Ser. El número 1, Hombre, corresponde al organismo más perfecto, el más alto de la cadena, y el número 11, Zoofitos (animales-plantas) señala al más imperfecto, al más bajo en la escala. El árbol así representado parece igualar la “desigualdad natural”. Todo el planteamiento aristotélico es teleológico[14] y en su organización racional de la diversidad de los seres vivos, les atribuye un lugar en el escalafón de la vida.

Los mismos criterios de clasificación que emplea no son equivalentes ni neutrales, sino asimétricos. No tienen el mismo valor, en términos de perfección o superioridad. Desde la perspectiva aristotélica, los animales sanguíneos son superiores a los no sanguíneos. Dentro de los sanguíneos, los vivíparos son superiores a los ovíparos, los cuales, a su vez, como indica explícitamente la denominación escogida, son superiores a los ovíparos de huevo imperfecto. Entre los no sanguíneos, los ovíparos con huevo imperfecto so superiores a los vermíparos que lo son a su vez respecto a los zoófitos.
Un árbol que es también una escalera
Por esta razón, cabe pensar que Aristóteles se encontraría más cómodo si se le diera un giro de 90º a la figura en forma de árbol, como puede verse en la figura.

El giro, que podría parecer inocente o irrelevante, aporta una nueva dimensión a la lectura de la gráfica.
En sentido horizontal puede leerse el mismo árbol, donde la izquierda se reserva para el tronco y las ramas principales y hacia la derecha, las ramificaciones de mayor detalle con clases cada vez más concretas. Es la representación de un viaje que comienza en el tronco unificador de la vida y termina en ramas que designan grupos reconocibles de organismos. Cabría continuar el trabajo hasta llegar a las especies, quizá sea lo que podríamos esperar desde nuestra perspectiva actual.
En sentido vertical, de abajo arriba se ha construido una escalera de perfección, la Scala Naturae. Peldaño a peldaño, desde el grupo inferior, Zoofitos, marcado por el número 11, se puede ascender, cumpliendo el camino de perfección. Al pasar del peldaño 7, Malacodermos, al 6, Peces, se da también un salto esencial, de animales no sanguíneos a animales sanguíneos. La escalera propicia el ascenso hasta el nivel más alto, el número 1, donde se halla el Hombre, culmen del Reino Animal y, en consecuencia, de todos los seres vivos.
Cabe recordar que, al parecer, Aristóteles nunca llegó a estar demasiado interesado en completar una clasificación perfecta o “natural” de los animales[15]. De hecho, construyó varias clasificaciones utilitarias, arbitrarias, destinadas a diversas finalidades.
La vision teleológica
Aristóteles puso mucho más interés en la construcción de su “Scala Naturae”, como principio organizador de la Naturaleza que permitía ordenar a todos los seres vivos y no vivos en una escala ascendente de perfección.[16]
En la introducción a la Historia de los Animales publicada en 1990, puede leerse:
“… Pero, pese a sus aportaciones taxonómicas, sin embargo Aristóteles no fue ni pretendió ser un taxonomista de los seres de la naturaleza, sino un biólogo que aspiraba a verificar la existencia de unicidad dentro de la multiplicidad y diversidad de los seres vivos en lo concerniente, por ejemplo, a órganos y funciones, y que, como resultado de sus objetivos construyó una biología apodíctica y teleológica, fundada en principios metafísicos.”[17]
En lo que respecta a su clasificación, se podría decir que su interés por organizar el conocimiento le llevó a un éxito que fue muy grande y más bien inesperado, sobre todo por su longevidad. A lo largo de la historia, muchos estudiosos la asumieron como verdad indiscutible y algunos hicieron aportaciones que no cambiaron su esquema general[18].
Durante dos milenios el texto de Aristóteles fue la referencia principal, la estructura fundamental sobre la cual se construyó la Zoología, palabra que apareció en el siglo XVII, una época en que la influencia del sabio griego había comenzado a palidecer. Ya desde el siglo anterior, los descubrimientos modernos iban erosionando paulatinamente la vieja visión del Filósofo.
Aristóteles limitó su estudio a los animales. Fue su discípulo Teofrasto, (372 a 287 a. C.), quien se ocupó del estudio de las plantas. Alberto Magno se ocupó también de recoger, adaptar y popularizar su clasificación.
© Sensio Carratalà Beguer
[1] Kirk GS, Raven JE, The Presocratic Philosophers. A critical history with a selection of texts, Cambridge, 1957.
[2] Roux, Suzanne. Empedocles to Darwin. En Greek Research in Australia: Proceedings of the Biennial International Conference of Greek Studies.” Flinders University Department of Languages. (April 2003). 2005. p. 1-16.
[3] El militar e historiador Jenofonte (431 a. C.-354 a. C.) escribió varios libros sobre Sócrates, entre ellos una Apología de Sócrates ante el jurado.
Aristófanes (445 – 385 a. C) fue un gran autor de comedias y contrario a Sócrates.
[4] Whitehead, Alfred North. Process and reality. Simon and Schuster, 2010.
[5] Bouras, C. (2014). Alaric in Athens. Deltion of the Christian Archaeological Society, 33, 1–6. https://doi.org/10.12681/dchae.1230
[6] Reclamado por Filipo II de Macedonia, Aristóteles fue preceptor de su hijo Alejandro en Mieza, entre los años 342 y 340 a. C.
[7] Aristóteles se ocupó de los animales principalmente en: Historia de los animales (nueve libros), Las partes de los animales, La generación de los animales y El movimiento de los Animales. En algunas ediciones el primer título incluye al resto.
Aristóteles. Investigación sobre los animales. Traducción de Carlos García Gual. 1992. Madrid. Editorial Gredos.
Aristóteles. Historia de los animales. Akal. 1990
[8] Los Selacios o Elasmobranquios, en su denominación moderna, son peces de esqueleto cartilaginoso. Se dividen actualmente en dos grandes grupos: los Selacimorfos, tiburones y los Batoideos, como las rayas y pastinacas.
[9] La denominación Gran Cadena del Ser fue propuesta por Lovejoy en el libro que se ha convertido en el manual clásico sobre el tema:
Lovejoy, Arthur O. La gran cadena del ser. Icaria Editorial, 1983.
[10] Aristóteles. Investigación sobre los animales. Traducción de Carlos García Gual. 1992. Madrid. Editorial Gredos.
[11] Fueron notables los debates que mantuvieron contra la generación espontánea Redi en el siglo XVII y Spallanzani en el siglo XVIII. En el siglo XIX, los experimentos de Pasteur resolvieron la cuestión definitivamente.
[12] Es significativa en el título la presencia de la palabra escala. Aristóteles creía que los seres estaban ordenados por su complejidad en una “Scala Naturae” desde las rocas y formas más inferiores hasta el hombre.
[13] Entre los selacios están los tiburones, que son en general vivíparos, y también las rayas y pastinacas, que ponen huevos. De forma un tanto sorprendente, el texto de Aristóteles ignora la conspicua puesta de huevos de rayas y pastinacas en “bolsas de sirena”, según la denominación actual
[14] “La teleología es la rama de la metafísica que se refiere al estudio de los fines o propósitos de algún objeto o algún ser, la capacidad de luchar por una finalidad, o bien, literalmente, la doctrina filosófica de las causas finales. “
https://es.wikipedia.org/wiki/Teleolog%C3%ADa
[15] Marcos, Alfredo. Aristóteles y otros animales. 1996. Barcelona. Ed. PPU. Pág. 33 y sig.
[16] El tema merece un estudio mucho más extenso de lo que permite este artículo.
[17] Aristóteles. Historia de los animales. Edición de José Vara Donado. 1990. Madrid. Editorial Akal.
[18] Una de las más conocidas fue la de Alberto Magno, que aparece citado en la tabla titulada significativamente La escala animal de Aristóteles y que ha servido de base para la elaboración de los dos esquemas ramificados que se muestran a continuación.
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