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Últimas alumnas de Cajal

Santiago Ramón y Cajal es un referente científico español de primera magnitud[1]. Posiblemente, el científico español más importante de todos los tiempos. Sus investigaciones sobre el sistema nervioso lo han situado como padre de la Neurología. Se dice muy pronto esta frase, pero siempre me ha impresionado cómo pudo el hijo de un médico rural llegar a ganar unas oposiciones de catedrático y, en ausencia de un contexto propicio, iniciar unas investigaciones punteras sobre las cuales pocos habían intentado profundizar y alcanzar la excelencia en su trabajo, que realizó muchas veces en casa, algo impensable ahora – y la suficiente seguridad en sí mismo para presentar sus resultados en aquel famoso congreso científico de Berlín de donde partió todo.

Estuvo impartiendo clases durante 28 años: 4 en Valencia, 4 en Barcelona y 20 en Madrid. He coleccionado muchos de sus libros y guardo con especial cuidado y cariño una orla de licenciatura de la Facultad de Medina de Madrid donde impartía sus clases; la orla de la promoción de 1920 -1926. Dado que Santiago Ramón y Cajal se jubiló – muy a su pesar – en 1922, (a sus 70 años de edad), esta promoción de estudiantes fue la antepenúltima en la que Cajal participó como profesor. Me detuve hace poco tiempo a observar con más detenimiento esta orla: Se licenciaron 210 estudiantes: 206 alumnos. 4 alumnas. Y saltó la pregunta: ¿Quiénes eran ellas?

Aquí las vemos, a ambos lados del trío de profesores.  Se aprecian sus rostros. Pero el conjunto de la orla es demoledor: 4 mujeres entre 206 hombres

Orla original del curso 1920-1926 en la Facultad de Medicina de Madrid

¿Quiénes eran estas mujeres?  ¿Cómo pudieron estudiar una carrera ‘destinada a hombres’? ¿Qué fue de ellas?…

Tengamos en cuenta que el propio Cajal, aun aceptando que las mujeres estaban capacitadas para estudiar medicina, veía claro que su destino no podía ser otro que la especialidad de Pediatría… (¿por qué?). Pensemos en la sociedad patriarcal de la época, el machismo imperante, esa muralla de 206 alumnos frente a cuatro alumnas… 

La lucha de estas mujeres (es pura impresión personal) se me antoja, debió ser titánica. Se las puede imaginar, desde luego, en una doble lucha: la de sus estudios de medicina y la de la sociedad en la que vivían. No debió serles cómodo. Sería extraordinario saber cómo eran tratadas por sus profesores, qué grado de aceptación tendrían hacia ellas, cómo sería la relación con sus compañeros…

Estos son sus nombres:

Amelia Carramolino Barreda.

María del Carmen Miedes Lajusticia.

Carmen María Alonso Nart

Ticiana Iturri Landajo

Cuatro mujeres que acaban Medicina en 1926

No tenemos apenas datos de Dª Amelia Carramolino Barreda. En cambio, sí ha sido posible encontrar información de sus compañeras Miedes Lajusticia, Alonso Nart e Iturri Landajo y contar algunos detalles sobre qué ocurrió en su vida tras la recepción de aquella orla.

Pioneras en su profesión, lograron destacar en sus trabajos. Pero sobre ellas, constantemente, pesaba la sombra de las labores naturales de la mujer: la crianza de los hijos, la limpieza de la casa y el cuidado, casi sacramental, al esposo. La presión social debía pesar tanto, que en fecha tan alejada de su licenciatura como 1953, la revista Voluntad (órgano de la Falange gijonesa) en una entrevista a la doctora Carmen María Alonso Nart, le preguntaba: “¿Crees que el ejercicio de la profesión aleja a las mujeres de sus funciones normales?”. Eso, después de 30 años de profesión. Se armaría, supongo, de paciencia: “En absoluto”, contestaba. “Cuando la mujer sabe organizarse, tiene tiempo para todo”. 

La época, el momento histórico en que vivieron, tampoco ayudó mucho. En 1953 era pleno período franquista[2] y no fue la primera dictadura que vivieron.

Cuando estas cuatro alumnas asistían a sus clases, Cajal se acercaba a los treinta años como profesor. Él, que pertenecía la Generación de Sabios[3], desarrolló su labor en un tiempo que resultó productivo para la cultura y la ciencia. Fueron los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX. Estos años han pasado, incluso, por ser la Edad de Plata[4] española. Pero nuestras alumnas ya no vivieron en esta época. Llegaron justo después, cuando en España se había implantado una dictadura.[5]

Las cuatro estudiaron la carrera de Medicina en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que comenzó en 1923 y se extendió hasta 1930. En el año en que se licenciaron (1926) fueron testigos de un intento de golpe militar para derrocar a Primo de Rivera. Se quedó en intento. Y en 1929, de otro. También se quedó sólo en intento. Eran años agitados.

​Se habían celebrado elecciones en España en abril de 1923, pero ellas no pudieron participar porque el sufragio era universal y… masculino. Y luego, en septiembre, el golpe de Estado de Primo de Rivera. El momento político y social, como vemos, estaba revuelto.

En la Segunda República

Luego, desarrollando las cuatro alumnas de Cajal su labor profesional, cinco años después de su licenciatura, el 14 de abril de 1931, se instaura en España la II República. La Constitución de 1931 en su artículo 36 extendió el voto a las mujeres en igualdad con los hombres.

El sufragio universal dejó de ser masculino[6]. Pero no fue fácil. Había en aquel momento sólo tres Diputadas en la Cámara: Victoria Kent (Partido Republicano Radical Socialista) Margarita Nelken (Partido Socialista Obrero Español) y Clara Campoamor (Partido Radical). Victoria Kent y Margarita Nelken se opusieron al voto femenino. Tenían cierto temor de que la mujer fuese contraria a la República. Defendían la idea según la cual, para que las mujeres amasen un ideal, era preciso que convivieran con ese ideal. Argüían que primero debía ponerse en marcha la República, tenían que ponerse en marcha las medidas sociales y educativas y que las mujeres convivieran con ellas. Sólo después de ese período las mujeres podrían, con conocimiento de causa, votar. También, y sobre todo, Temían la influencia tanto por parte de la Iglesia como de sus maridos, que, pensaban, podía anular su propia voluntad. 

No opinaba igual Clara Campoamor, miembro del Partido Radical que, en su discurso defendió que por encima de los intereses del Estado estaba el principio de igualdad. Y las mujeres debían conseguir el derecho a voto en ese mismo momento, sin aplazamiento alguno. Su defensa del voto de las mujeres estaba basada en principios y no en consecuencias.

Al final de las sesiones parlamentarias, salió triunfante la propuesta de Clara Campoamor: la impulsora del voto femenino en España en igualdad de condiciones con los hombres.

Hubo un cambio radical con esta medida y otras que le acompañaron[7]: el papel de la mujer. Dejó de ser un sujeto pasivo en la sociedad para tener voz propia y ser sujeto de su propio destino independiente de sus parientes masculinos. El número de alumnas se multiplicó en todas las enseñanzas primarias y medias. También se incrementó – aunque menos- en la universitaria.

Las nuevas leyes republicanas también fomentaron la incorporación de la mujer en la sociedad, se admitió el divorcio, se despenalizó el adulterio femenino, se normalizó el empleo de la mujer en la función pública, se admitió en las carreras de Registradores y Notarios y podían desempeñar la actividad de la abogacía en igualdad con los hombres y en cualquier otra actividad relacionada con la actividad pública. Las alumnas de Cajal, pudieron votar al fin, todas.

Ticiana Iturri Landajo

Ticiana Iturri Landajo[8] [9] , que nació en Portugalete el 14 de julio de 1904, fue la primera mujer colegiada en el Colegio de Médicos de Bizkaia en el año 1932, como Especialista en Obstetricia y Ginecología.

Era hija de Ticiana Landajo, que tenía tienda en Bilbao, y de Juan de Iturri, que había estudiado contabilidad y comercio y trabajaba particularmente para una familia en sus negocios mineros. Era todavía pequeña cuando a su padre le encomendaron la gestión de una mina en Lora del Rio, por lo que se trasladaron a esta localidad sevillana y luego a su capital.

Ticiana estudió el bachillerato en Sevilla. Continuó en Madrid, donde comenzó la carrera de Medicina con sólo 16 años. Acabada la carrera se formó como especialista. No era común en la época, pero decidió abrir una consulta médica. Al mismo tiempo, trabajaba en la Escuela Nacional de Puericultura, para realizar la tesis doctoral y preparar las oposiciones para maternóloga del Estado.

Lo consiguió todo: obtuvo el doctorado, con la defensa de su tesis “Acción de algunos galactogogos” que fue calificada con un sobresaliente y superó las oposiciones consiguiendo el destino en Bilbao, en la Dirección Provincial de Sanidad.

La Doctora Ticiana Iturri, aun siendo maternóloga por oposición, tuvo que seguir soportando ataques machistas. En 1935 el Colegio de Médicos de Bizkaia recibió una denuncia del director de la Casa de Maternidad, el cual, en su cerrazón mental, no podía creer que una mujer pudiera ser médica. La denuncia fue que una comadrona actuaba como médica. Tuvo que defenderse contra viento y marea, pero La Junta Directiva del Colegio respaldó a la Doctora Iturri y su solvencia profesional y reprendió al denunciante.

Pero no fue el único en dudar de ella. La mentalidad machista y corporativa de algunos médicos bilbaínos que, veían con muy malos ojos la irrupción de una mujer en un reino de hombres, les llevó a extender el rumor, el bulo, de que Ticiana Iturri, para atender los partos y las operaciones complicadas, llamaba a un colega que tenía su consultorio en su vecindad y que acudía allí “a escondidas”. También tuvo que hacer frente a estos bulos y desmontarlos. En realidad, se me antoja, estaba pagando el precio de ser la primera médica de Bizkaia.

La Doctora Ticiana Iturri Landajo continuó trabajando como maternóloga del Estado destinada a la Escuela de Puericultura y Maternología de Bilbao, en la Jefatura Provincial de Sanidad, donde seguía en el año 1962 y donde realizó durante años una gran labor de divulgación de la higiene materno-infantil entre médicos, profesionales de enfermería y auxiliares. También trabajó como especialista en Ginecología para el Seguro Obligatorio de Enfermedad, en el que obtuvo una plaza de esta especialidad en Bilbao en el año 1955.

Fue miembro activo de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, colaboradora de su revista Gaceta Médica, y participó en congresos de su especialidad en España y en el extranjero. Manifestó una sensibilidad especial hacia algunas actividades de su especialidad que no solían preocupar tanto a sus colegas varones: averiguar las causas y buscar tratamientos para el aborto de repetición y para las dificultades en la lactancia materna.

Hacia 1960 tuvo dos desgracias seguidas que le impactaron. Primero, el fallecimiento de su madre, Ticiana Landajo, y después el accidente cerebrovascular sufrido por su hermana Miren, que le dejó inválida por hemipléjica. Pocos años después enfermó ella también y tuvo que afrontar una penosa enfermedad que le incapacitaba durante temporadas para el trabajo. Durante estas temporadas de baja era sustituida por otra de las primeras tocoginecólogas vizcaínas, Mª Mercedes Ateca, que fue también la que siguió con su consulta cuando Ticiana falleció el 5 de marzo de 1969. Aún no había cumplido los 65 años de edad.

En reconocimiento a su persona, el Colegio de Médicos de Bizkaia bautizó con su nombre las salas «Iturri», sitas en la 4ª planta de su sede.

Carmen Miedes Lajusticia

El período republicano también fue turbulento. Hubo nuevas elecciones y el voto mayoritario era republicano y de izquierdas.  Fue un período con desenlace fatal para otra de las alumnas de Cajal: Carmen Miedes Lajusticia.

Carmen Miedes Lajusticia,[10] era hija de don Mariano Miedes Clemente y doña Petra Lajusticia Sanjuan. Padres profundamente cristianos y propietarios de una céntrica droguería, en la calle Comercio de Toledo. Tuvo seis hermanos y pudo estudiar el bachillerato y desplazarse a Madrid a cursar la Carrera de Medicina. Por no contrariar a sus padres cursó la también carrera de Farmacia, pero sintiendo por la medicina una inclinación invencible, decidió ponerse a estudiar ambas carreras. También obtuvo el título de Doctora. Y parece ser desarrolló su labor en los barrios humildes de Toledo donde atendía gratuitamente a la gente que no podía pagar la consulta médica. Fue educada bajo la moral católica y sus ideas políticas no eran de corte republicano. En 1934, época de predominio socialista, se atrevió a declarar como testigo ocular de un crimen cometido durante una huelga en el mes de agosto y desde ese momento, fue amenazada de muerte.

La huelga de camareros toledanos, declarada en agosto de 1934[11], tuvo repercusión en toda España. Era época de predomino socialista. Los hermanos Moraleda, dueños del bar Toledo, rehusaron someterse a las órdenes que dictaba la Casa del Pueblo, representada por la

Sociedad de Camareros. Ésta, al ver que habían logrado independizarse con la adquisición de algún camarero no asociado, acordó la muerte de los Moraleda, y el 23 de agosto, al retirarse del bar a altas horas de la madrugada para su casa, fueron atacados a balazos cerca de ella, cayendo mortalmente herido uno de los hermanos. Carmen Miedes, que velaba aquella noche a uno de sus hermanos, enfermo, y fue testigo de la agresión desde el balcón de su casa, declaró en el Tribunal lo que había visto; y como médico, pudo rehacer el crimen punto por punto. Su declaración fue clave para la resolución del crimen. El 4 de octubre de 1934 los tres asesinos fueron condenados a treinta años de cárcel. Aquel día empezó Carmen su calvario. De los insultos, a las amenazas. No hubo juicio. Su familia se había dispersado. El día 4 de agosto de 1936 la Doctora Carmen Miedes murió a manos de los milicianos.

La guerra civil había empezado poco tiempo antes.

Carmen María Alonso Nart

Sabemos que María Alonso Nart[12] había estudiado y ejercido primero Magisterio, porque, decía, (proveniente de una familia numerosa y cristiana), debía encontrar lo antes posible una salida laboral. Luego persistió en su esfuerzo y se doctoró en Medicina. Dos carreras.

Pero las preguntas capciosas la perseguían (¡y en una entrevista para dar a conocer y quizá, rendir tributo, a las mujeres trabajadoras de Gijón!) “¿Cree en la inferioridad mental de las mujeres?”. Imagino aquella España llena, llenita, de patas quebradas. No sé quién formularía las preguntas, pero apostaría que no tenía ningún doctorado… Imagino a la Doctora Alonso Nart con las tripas revueltas, pero con la batalla ya dada por perdida y pensando: os voy a contestar lo que queréis oír: “Sin ánimo de halagar la vanidad de los hombres, te diré que sí”. La doctora Alonso Nart desarrollaba su labor médica en Gijón en la década de 1950 y… contestaba a preguntas impertinentes y maliciosas…

Otros tiempos

Han cambiado radicalmente los tiempos. En el curso de 2012-13, por ejemplo, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense (nombre actual de la Universidad Central donde estudiaron las últimas alumnas de Cajal) se graduaron 2438 médicos: 746 eran hombres; 1692 eran mujeres.

La Doctora Miedes Lajusticia, murió en el primer período de guerra. Las Doctoras Iturri Landajo y Alonso Nart, sobrevivieron a la guerra Civil y se adaptaron a la Dictadura que le siguió. Ambas desarrollaron una excelente carrera profesional aún bajo esa bota masculina que hacía que, preguntar si creía en la inferioridad mental de las mujeres, era algo normal. Desconozco cuáles eran sus afinidades políticas, pero, independientemente, quizá recordaran aquel 19 de noviembre de 1933 en el que ellas podían votar y su voto pudo contar tanto como el de los hombres.

Daría algo por averiguar qué pensaba de sus alumnas el Doctor Cajal. Cajal, que había dicho –y escrito– numerosos chascarrillos y juicios sobre la mujer –medio de broma, medio de veras–[13] ¿Qué pensaba realmente de sus alumnas mujeres? Aunque parecen aflorar cierta misoginia estos juicios, siempre rezuman ternura (en opinión de Margarita Nelken)[14]. Él mismo anota: “… daría algo yo por escribir y pensar como tres o cuatro escritoras españolas” no menciona sus nombres, Y en otro juicio reconoce: “… Esperad que la sociedad conceda a todas las jóvenes el mismo tipo de educación e instrucción que al hombre, además de la misma preocupación y cuidado de la prole, y… entonces hablaremos”.

Pero Cajal era un hombre culto.

© Juan Pedro Fernández Romero


REFERENCIAS:

[1] LÓPEZ PIÑERO, José M.- Santiago Ramón y Cajal. Publicaciones de la Universidad de Valencia. 2006. Universidad de Granada.

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Dictadura_de_Francisco_Franco

[3] PEDRO LAÍN ENTRALGO https://esacademic.com/dic.nsf/eswiki/521821

[4] http://www.historiasiglo20.org/HE/13b.htm

[5] Ver, entre otros, http://www.historiasiglo20.org/HE/12b-1.htm

[6] https://www.almendron.com/artehistoria/historia-de-espana/edad-contemporanea/el-voto-femenino-en-espana/la-mujer-en-la-republica-1931-1936/

[7] http://www.historiasiglo20.org/HE/13a-1.htm

[8] http://www.bilbaopedia.info/ticiana-iturri;

[9] https://www.cmb.eus/ticiana-iturri-landajo

[10] https://464martires.es/index.php/464-martires/29-toledo/laicos/84-miedes-lajusticia-carmen

[11] https://www.paxaugusta.es/2019/05/la-huelga-que-dejo-madrid-sin-camareros.html

[12] http://www.amargolles.net/?p=3493

[13] S. RAMÓN Y CAJAL. (1922). Charlas de café. Pensamientos, anécdotas y confidencias. Imprenta de Juan Pueyo. 3ª Edición, corregida y aumentada. 381 pág.

[14] MARGARITA NELKEN (1938). La mujer. Santiago Ramón y Cajal. Conversaciones e ideario recogidos por Margarita Nelken, con una advertencia preliminar escrita expresamente para esta obra por el autor. M. Aguilar Editores. Segunda edición. 120 pág.

Una respuesta a «Últimas alumnas de Cajal»

Muchas gracias por este artículo.He buscado durante mucho tiempo información sobre Carmen Miedes.No aparecía nada sobre su etapa en la Facultad de Medicina.Lo que le sucedió después es muy macabro y espeluznante.

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