UN DÍA EXCELENTE
Aquel sábado tuvimos un excelente día primaveral, con un cielo azul completamente despejado y una temperatura que superaba en poco los veinte grados centígrados. Eran las diez de la mañana del día 24 de abril de 2010. Recorríamos un itinerario que formaba parte de un curso de formación de profesorado destinado a promover el conocimiento del territorio.

Cerca de sesenta docentes nos habíamos reunido ante la reja que protege el yacimiento arqueológico musteriense[1] de la Cova Negra, ubicado en un excelente mirador desde el que se divisa la amplia curva del río Albaida. En ese punto, el río se ensancha a su paso por un tramo de materiales detríticos de escasa consistencia. Marcando la diferencia litológica, destacaba justo enfrente un peñasco calcáreo que, para mi intranquilidad, varios alpinistas comenzaban a escalar. La ruta que seguíamos añadía una sorpresa de interés geomorfológico: el río Albaida corta perpendicularmente el anticlinal de la Serra Grossa, constituyendo un cluse[2].
La Cova Negra
Valentín Villaverde Bonilla inicia la presentación de su tesis “La Cova Negra de Xàtiva y el Musteriense de la región central del Mediterráneo español”[3] con el siguiente párrafo:
“En 1928 se creó en Valencia el Servicio de Información Prehistórica: un año más tarde, al salir a la luz el primer número de su Archivo de Prehistoria Levantina, el trabajo que encabezaba el volumen iba referido al Musteriense de Cova Negra. El P. G. Viñes daba cuenta en él de sus primeros trabajos en el yacimiento.”
Era un comienzo prometedor. Pero a continuación refiere que:
“Sin embargo, como consecuencia de la muerte de este investigador, toda su labor quedó interrumpida hasta el año 1942, …”
y más adelante:
“Justo por aquellas fechas F. Jordá reiniciaba, …, el estudio del Musteriense valenciano. Y pronto, tras la publicación de los materiales correspondientes a las campañas de G. Viñes, comenzó una nueva etapa de excavaciones también esta vez bajo la iniciativa del S. I. P. …
Esta etapa, …, supuso la realización de cuatro campañas de excavación (1950, 1951, 1953, y 1956) y en ella se fijó una sucesión cultural más precisa y se publicó, a cargo de M. Fusté, el estudio del parietal humano encontrado por G. Viñes en 1933.”
La propia publicación de la tesis de Villaverde Bonilla en 1984 fue un impulso decisivo para dar a conocer y aprender a valorar la importancia del yacimiento de la Cova Negra y de algunos yacimientos próximos relacionados. Las investigaciones se han sucedido desde entonces, no siempre al ritmo deseado, y prosiguen en la actualidad. Se ha conseguido establecer con precisión las secuencias climática y faunística, así como determinar la evolución de la cultura musteriense del yacimiento y su relación con otros hallazgos en el ámbito del Mediterráneo Occidental.
La Cova Negra, de acuerdo con la información que consta actualmente en la web del Instituto Geominero[4]
“Cuenta con un registro de larga duración, comprendido entre 117 y 50 k.a.[5] en el que aparecen en distintas posiciones estratigráficas restos de neandertales: hacia 90 k.a, 75 k.a. y 40 k.a. En este sentido, Cova Negra destaca por ser uno de los yacimientos españoles que ha proporcionado un mayor número de restos de neandertales, representados por numerosos fragmentos de al menos ocho individuos, entre ellos cinco niños, un adolescente, un adulto joven y un adulto de cierta edad.”
El tópico neandertal
Los neandertales han sido tratados con desprecio casi desde aquel lejano día en que sus huesos fueron atribuidos a una especie humana salvaje y extinguida. Han sido con frecuencia calificados de torpes y estúpidos. La idea devino en tópico hasta el punto de que la palabra neandertal aún se emplea de vez en cuando como insulto.
Un largo viaje en autobús me alejó de tales ideas kilómetro a kilómetro, según iba leyendo un libro titulada precisamente Neandertal[6]. Era una novela de ficción que contaba una historia bastante alejada del tópico. En su trama, la incapacidad de mentir, (no simple ingenuidad sino una verdadera incapacidad para concebir la mentira), resultaba decisiva para que el grupo neandertal saliera derrotado frente a un grupo de nuestra especie. Con independencia de su veracidad, la idea de que Homo neanderthalensis carecía de un cerebro imaginativo apto para manejar la mentira como “verdad alternativa” abría la puerta a la sugerencia de que los neandertales podrían haber sido mucho más inteligentes de lo que se ha venido contando.
El hallazgo
Homo neanderthalensis es una especie hermana de la nuestra, a la que hemos autodenominado, con escasa modestia, Homo sapiens. El nombre, Neandertal, procede del valle de Alemania donde fueron hallados los primeros restos de la especie en 1856, apenas tres años antes de la publicación del Origen de las especies, de Charles Darwin. Unos huesos de morfología extraña fueron encontrados en las cuevas Feldhofer durante la explotación de una cantera en el valle de Neumann, a unos diez kilómetros de Düsseldorf, en el noroeste de Alemania.
El nombre del valle aludía a Joachim Neumann, un querido músico local. Siguiendo los usos de la época, la palabra Neumann (hombre nuevo, en alemán) se reformuló con sus equivalentes del griego clásico Neos y Andros, unidas para formar la palabra Neander. Se mantuvo en alemán la terminación thal, que significa valle, el Valle del Hombre Nuevo. De modo que el nuevo homínido fue llamado Neanderthal en honor al lugar donde fueron hallados sus primeros restos.
Johann Carl Fuhlrott y Hermann Schaaffhausen
Johann Carl Fuhlrott, un profesor de la escuela secundaria de la cercana población de Elberfeld, vivamente interesado por la Geología y la Paleontología, se presentó en la cantera y recogió los huesos para su estudio. Fuhlrott supo apreciar a primera vista que estaban completamente fosilizados y eran, por tanto, muy antiguos. Considerando su posible importancia los llevó a Hermann Schaaffhausen, profesor de Anatomía de la Universidad de Bonn, para su análisis.
La visita de Fuhlrott cambió el destino de Schaaffhausen, que en la actualidad es recordado principalmente por su papel en la interpretación original de esos fósiles. Quedó impresionado por la antigüedad y las características de aquellos huesos. La parte superior de la calota[7] hallada mostraba notables diferencias con respecto a los cráneos humanos actuales. Destacaban sobre todo los potentes arcos supraciliares y su bóveda alargada. Hermann Schaaffhausen afirmó que pertenecían a una antigua raza humana salvaje. En publicaciones subsiguientes, Schaaffhausen y Fuhlrott consideraron que los huesos fueron depositados en plena Edad del Hielo.
El hallazgo produjo perplejidad y levantó una notable polémica en la Antropología europea. Rudolf Virchow, reconocido por entonces como la máxima autoridad en Biología de Alemania, consideró que la extraña morfología de aquel cráneo se debía a un proceso patológico y descartó que perteneciese a una variedad humana distinta. El debate continuó hasta finales del siglo XIX, cuando el descubrimiento de nuevos fósiles de neandertales y la aceptación progresiva de la Teoría de la Evolución llevaron a aceptar mayoritariamente que aquellos fósiles eran en verdad restos de una especie humana extinguida.
Ya en el siglo XXI, un trabajo interdisciplinar publicado en octubre de 2002[8] analizó los sedimentos que fueron retirados de las cuevas de Feldhofer en 1856. Se obtuvo 60 fragmentos óseos humanos, que fueron sometidos a análisis morfológicos y genéticos, así como a datación mediante carbono 14. Tres fragmentos de esqueleto se ajustaban al ejemplar tipo hallado en 1956, mientras que otros mostraban también características neandertales. Los huesos tenían una antigüedad de 40000 años, un tiempo compatible con las afirmaciones de Schaaffhausen y Fuhlrott.
Pregunta pertinente, respuesta incorrecta
Aquel día no pretendíamos entrar a la cueva, nuestra ruta nos llevaba río arriba hasta la cercana presa de Bellús, pero hubiera sido una grave negligencia pasar de largo. Si nos detuvimos unos minutos fue para comentar la importancia del yacimiento y disfrutar de la emoción de estar en el lugar que fue durante muchos años hogar de sucesivos grupos de neandertales.
Alguien me preguntó si había hibridación entre neandertales y sapiens. Dije que no, que los datos genéticos parecían descartar esa posibilidad. Precisamente, un artículo[9] de investigación publicado dos semanas antes por la revista Science incluía un epígrafe significativamente titulado: “Lack of evidence for admixture between humans and Neanderthals” (Falta de evidencia de mezcla entre humanos y neandertales), donde se venía a indicar que la contribución neandertal al acervo genético de la humanidad actual sería probablemente cero, aunque el texto, atinadamente cauto, remitía a futuras investigaciones antes de establecer conclusiones definitivas.
De modo que cuando se me preguntó por la tesis subyacente de la película “En busca del fuego” [10], favorable a la hibridación, di la respuesta a la sazón correcta: a tenor de los datos disponibles parece que no hubo hibridación entre neandertal y sapiens. No podía saber que, precisamente sobre este asunto, las cosas iban a cambiar muy pronto.
En cambio, cometí un lamentable error cuando un compañero y amigo me recordó que la película había sido asesorada científicamente por Henri Laborit. Me limité a argumentar de forma displicente que el antropólogo francés era ya muy viejo[11]… Un error doble: la descalificación no es un argumento y la edad de una opinión o de su emisor no es un dato determinante para establecer su validez. Debí argumentar a partir de los datos conocidos y su relación con la opinión considerada. No lo hice y debo reconocerlo. Ni la escasa probabilidad, entonces, de que la aseveración fuera cierta ni las prisas por cuestiones de horario sirven de justificación.
Aprender cada día
La Ciencia puede ser entendida, (sin duda hay otras acepciones), como el trabajo que realiza la Humanidad para entender el mundo donde habita, una aventura colectiva que comenzó hace miles de años, que ha tenido episodios gloriosos y épocas de oscuridad y cuya institucionalización suele situarse en el siglo XVIII. Bien entrado el siglo XXI, la actividad científico-tecnológica ha adquirido tal poder de transformar el planeta que ha cambiado la sociedad humana y también sus formas de entendimiento y relación con la Naturaleza.
Todos los días hay nuevos descubrimientos. Los saberes científicos están permanentemente sometidos a escrutinio. Conocimientos tenidos en otro tiempo por verdades inamovibles son con frecuencia reconsiderados o matizados en mayor o menor medida, lo que no es obstáculo para reconocer que la ciencia actual es superior a la de cualquier época pasada de la que hayamos tenido noticia.
Una gran cantidad de hallazgos e investigaciones realizadas desde mediados del siglo XX ha obligado a reconsiderar muchos aspectos del proceso evolutivo que condujo a la aparición de nuestra especie. Uno de ellos es la relación de Homo sapiens con Homo neanderthalensis[12].
La noticia
El 6 de mayo de 2010, las revistas científicas adelantaban los resultados de una investigación que obligaba a reconsiderar las relaciones entre ambas especies humanas.
La página web de noticias de la revista Nature anticipaba así la noticia:
“European and Asian genomes have traces of Neanderthal”
(“Los genomas europeos y asiáticos tienen rastros de neandertales”)
El mismo día, el portal Science News encabezaba de este modo la noticia de la semana:
“Neandertal genome yields evidence of interbreeding with humans”[13]
(“El genoma neandertal arroja evidencia de hibridación con humanos”)
La nota precisaba que:
“Aproximadamente del 1 al 4% del ADN de las personas actuales de Europa y Asia fue heredado de neandertales”.
La revista Science publicó el trabajo completo al día siguiente. El título, escueto, incluso modesto, del artículo estrella de aquel número asomaba en la portada:
“A draft sequence of the Neandertal Genome”
(“Un borrador de la secuencia del genoma neandertal”)
Y el texto no tardaba en dar respuesta a una vieja pregunta. El resultado del análisis de la secuencia obtenida permitía afirmar con notable seguridad que:
“La secuencia genómica de neandertal largamente esperada sugiere que humanos modernos y neandertales se cruzaron hace decenas de miles de años, posiblemente en Oriente Medio.”[14]
En el colectivo de firmantes de la investigación, en último lugar, inocultable, emergía la figura de Svante Pääbo.
Svante Pääbo
Según puede leerse en la página web oficial del premio Nobel, Svante Pääbo recibió en 2022 el premio Nobel en Fisiología o Medicina
“por sus descubrimientos relacionados con los genomas de los homínidos extinguidos y la evolución humana”.[15]
Tras la concisa frase institucional, se explica que, en 2010, Pääbo consiguió secuenciar un genoma de neandertal, que años más tarde descubrió la especie de homínido de Denisova[16] y que, finalmente, consiguió determinar que hubo transferencia de genes entre homínidos extinguidos y Homo sapiens hace aproximadamente 70000 años. Este antiguo intercambio de genes tiene importancia no solamente porque exige reconsiderar algunas ideas sobre el proceso evolutivo que condujo a la aparición de especie humana moderna sino también porque hay datos que apoyan su influencia en ciertos aspectos de nuestra fisiología; por ejemplo, en la forma en que nuestro sistema inmune hace frente a las infecciones.
Aunque suele cometerse injusticia cada vez que se destaca a un autor por el éxito en investigaciones hechas en colaboración con muchas otras personas, pocas veces ha sido más justo realzar el papel protagonista que en este caso. Cuando se sigue la trayectoria científica de Pääbo, tiene uno la impresión de estar repasando las aportaciones más brillantes de la Genética Molecular al estudio de la Antropología. La genialidad de Svante Pääbo se hace manifiesta en el buen tino al abordar, uno tras otro, los puntos clave de su ámbito de investigación. Sus iniciativas han llevado a obtener herramientas fiables para recuperar muestras de ADN fósil aptas para su secuenciación y análisis, algo que no hace mucho parecía imposible. Ello ha hecho posible abordar la investigación sobre problemas fundamentales de la evolución humana. Así lo entendió el comité Nobel cuando le concedió el premio en solitario.
Antes no, ahora sí
De modo que, cuando dos semanas más tarde, con otro grupo de docentes, estábamos de nuevo ante la Cova Negra, mi discurso cambió diametralmente, obligado por la nueva investigación. No es fácil que un solo artículo haga cambiar la opinión general sobre un tema controvertido, pero éste daba cuenta del trabajo más esperado, que no pudo hacerse hasta que se consiguió el dominio de las técnicas pertinentes. El análisis del ADN obtenido de tres huesos de Neanderthal procedentes de la cueva de Vindija, en Croacia, proporcionó los datos necesarios para confirmar la existencia de hibridación, escasa pero significativa. Me adelanté a reconocer que quince días antes había defendido la opinión contraria pero que, a la vista de las nuevas noticias, ahora parecía claro que existió cierto grado de hibridación entre neandertales y humanos modernos. Trabajos posteriores lo han confirmado.[17]

Se me ocurre pensar que el propio Svante Pääbo, ejemplarmente dispuesto a ir a dondequiera le llevaran los datos a pesar de sus pronósticos previos, debe de haber sonreído al contemplar el resultado que confirmaba la hibridación.
En cuanto a mí, a pesar de que el cambio de opinión podía dejarme en situación desairada, he quedado encantado de saber que los resultados científicos fueron la causa del cambio; así debe ser. Y he sonreído satisfecho al descubrir que los neandertales no se extinguieron del todo y una parte de su linaje habita en mi propio cuerpo.
[1] Musteriense: Es un período de la Prehistoria que forma parte del Paleolítico Medio, desde 125000 hasta 40000 años de antigüedad aproximadamente, asociado a Homo neanderthalensis. Existe debate sobre la variabilidad de sus límites cronológicos (aparición y persistencia) en relación con la ubicación geográfica.
[2] Cluse: Valle que corta perpendicular o transversalmente un anticlinal. De: GUILLERMO TEJADA ÁLAMO. Vocabulario geomorfológico. 1994. Ed. Akal.
[3] Valentín Villaverde Bonilla. “La Cova Negra de Xàtiva y el Musteriense de la región central del Mediterráneo español”
[4] Inventario Español de Lugares de Interés Geológico. https://info.igme.es/ielig/LIGInfo.aspx?codigo=PT004
[5] k.a. equivale a “kiloaños”. Una antigüedad de 90 k.a. es una antigüedad de 90000 años.
[6] Darnton, John. Neandertal. 1999. Editorial Planeta, S.A.
[7] La calota es la bóveda craneal.
[8] RALF W. SCHMITZ, DAVID SERRE, GEORGES BONANI, SUSANNE FEINE, FELIX HILLGRUBER, HEIKE KRAINITZKI, SVANTE PAABO and FRED H. SMITH. The Neandertal type site revisited: Interdisciplinary investigations of skeletal remains from the Neander Valley, Germany. www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.192464099
[9] Sequencing and Analysis of Neanderthal Genomic Science DNA James P. Noonan, et al. Science 314, 1113 (2006); DOI: 10.1126/science.1131412
[10] La Guerre du feu (en Hispanoamérica, La guerra del fuego; en España, En busca del fuego) es una película franco-canadiense de 1981 dirigida por el director francés Jean-Jacques Annaud y basada en la novela de título homónimo escrita en 1911 por J. H. Rosny (pseudónimo de los hermanos belgas Joseph Henry Honoré Boex y Sheraphin Justine François Boex). https://es.wikipedia.org/wiki/La_Guerre_du_feu_(pel%C3%ADcula)
[11] Nació el 21 de noviembre de 1914.
[12] Muchas publicaciones emplean los nombres científicos Homo sapiens sapiens y Homo sapiens neanderthalensis, que enfatizan la proximidad de ambos grupos considerándolos variedades de la misma especie. Las denominaciones oficiales siguen siendo Homo sapiens y Homo neanderthalensis, correspondiente a dos especies distintas.
La palabra neanderthal es la forma antigua alemana. Equivale a neandertal, la forma moderna. La denominación específica neanderthalensis deriva obviamente de neanderthal, la palabra de uso común cuando se estableció el registro.
Puede hallarse una breve aclaración terminológica en: APRIL NOWELL. Rethinking Neandertals. Annual Review of Anthropology. https://doi.org/10.1146/annurev-anthro-052621-024752
[13] Science News By Tina Hesman Saey May 6, 2010 at 2:48 pm
[14] https://www.science.org/doi/10.1126/science.328.5979.680
[15] Svante Pääbo–Facts–2022. Nobel Prize Outreach AB 2024. Tue. 23 Jan 2024. https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/2022/paabo/facts/
[16] La especie de Homo de Denisova no ha recibido aún nombre específico formal.
[17] APRIL NOWELL. Rethinking Neandertals. Annual Review of Anthropology. https://doi.org/10.1146/annurev-anthro-052621-024752
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