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¿Nacen, crecen, se reproducen y mueren?

Nacen, crecen, se reproducen y mueren

Definición

Definir el significado de una palabra o expresión es con frecuencia difícil. Y se diría que la dificultad de hallar una definición satisfactoria es mayor cuanto más importante y familiar es la palabra. Es una de las razones que me llevan a admirar a las personas que hacen diccionarios. Sin remedio, la necesidad de definir las palabras con palabras conlleva la servidumbre de crear círculos viciosos, pero los buenos diccionarios cumplen un servicio necesario incluso si acaban arrimando subrepticiamente el ascua a su sardina.

El diccionario de la Real Academia Española1 sirve bien como referencia conocida, y en principio, autorizada. La RAE define definición, en su segunda acepción, la aquí pertinente, como: Proposición que expone con claridad y exactitud los caracteres genéricos y diferenciales de algo material o inmaterial.

No muy alejada de la definición de la RAE, para los fines que pretende este artículo podemos aceptar la siguiente alternativa: es una frase (o proposición) que resume de forma breve e inconfundible el significado de una palabra (o expresión).

 

La definición de vida

Tengo por definición especialmente difícil la de la palabra vida. He buscado definiciones de  vida de vez en cuando, me he visto incluso en la necesidad de redactar alguna, y nunca he conseguido plena satisfacción. De hecho, la mayoría de los libros de texto de ciencias naturales o de biología acaban obviando la definición de vida, (que parece inevitable en libros que se titulan “Biología”), y optan a presentar como alternativa más modesta la definición de “ser vivo”, más asequible aunque no sea el premio gordo. Cuando a principio de curso se dice que  la Biología es el “tratado de la vida” o la “ciencia que estudia la vida”, suele escamotearse la definición de vida y, en un acostumbrado truco de prestidigitación, pasa a afirmarse que “los seres vivos se nutren, se relacionan y se reproducen” o alguna de sus variantes en función del propósito del texto. Por ejemplo, que “las funciones vitales son: nutrición, relación y reproducción.

Las acepciones pertinentes de la definición de vida que muestra el diccionario de la RAE son:

  • f. Fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee.
  • f. Energía de los seres orgánicos.

Siento insatisfacción frente a ambas definiciones, aún teniendo en cuenta que la RAE ni por intención ni por tradición se acerca demasiado al ámbito científico, algo que probablemente irá cambiando por necesidad. La vida no es una fuerza ni una energía, incluso aceptando que ambas palabras no se ajusten a sus acepciones científicas. De hecho, muchos de los usos consuetudinarios de la palabra fuerza, que debe atender el diccionario, se refieren más bien a la energía, entendida ésta como la capacidad de realizar un trabajo según rezan las definiciones canónicas habituales en Física.

 

 

1 http://dle.rae.es/?w=diccionario

 

Los seres vivos son ricos en energía, que es posible cuantificar, pero la energía presente en los seres vivos no es en sí misma vida. La propia expresión “seres orgánicos” resulta problemática puesto que, si se refiere a los seres vivos y se ha evitado la palabra “vivos” porque invalidaría la definición, no pasa de ser una ineficaz añagaza, y si “seres orgánicos” equivale a “entes orgánicos”, como parece lógico, la energía de cualquier molécula orgánica podría ser considerada vida de creer a pie juntillas la segunda acepción.

Por otra parte, “actividad esencial” no deja de ser una expresión nebulosa en la cual ambas palabras acarrean problemas. Definir la vida como actividad limita su significación, (la vida no es actividad aunque sea cierto que implica actividad), y la palabra “esencial” evoca una visión aristotélica, muy alejada de la actual en tiempo y perspectiva, que podría dar pábulo a la creencia en algún tipo de ingrediente misterioso como “esencia” de la vida. Cabe considerar que el diccionario trata de reflejar los usos de la palabra y que muchas personas tienen una concepción de la vida “esencialista” o “vitalista” que se aleja del punto de vista científico.

También sobre vida, unas líneas más adelante, el diccionario de la RAE define vida animal del siguiente modo:

  • Vida animal: f. vida cuyas tres funciones principales son la nutrición, la reproducción y la relación con el ambiente.

Se trata de una proposición que no pretende definir vida, pues conculca la primera regla a la hora de definir: lo definido no puede entrar en la definición. Tiene un indudable aire científico, ya que emplea la clasificación más extendida de las funciones vitales. Pero fracasa clamorosamente a la hora de cumplir su función, a saber, definir la vida animal, pues la misma definición se aplica con idéntica propiedad a la vida vegetal, o a la vida bacteriana, a la de los hongos, a la de los protozoos…

Sin pretenderlo, se ha redactado una definición correcta de la “vida de todos los seres vivos”, una fea expresión que podría mejorar si el enunciado fuese, por ejemplo funciones vitales. No deja de ser irónico que la palabra animal, el motivo de la redacción de esta definición, resulte insignificante sensu estricto.

Reconozco que estoy aplicando un análisis exigente a una definición de vida que es mejor que muchas otras publicadas y que, debido a su menor notoriedad, no son objeto de consideración en este texto. Pero sirva este ejemplo para mostrar la dificultad de definir conceptos fundamentales de un modo que satisfaga a todo el mundo y se avenga a las necesidades y convenciones de cada especialista en su propio campo. Es consecuencia de definir, obligadamente, palabras con palabras y servidumbre del oficio de hacer un diccionario de uso general.

Definir vida es difícil.

 

La definición de vida de toda la vida

Sin embargo, la definición más extendida de ser vivo, la que se repite de curso en curso durante la Educación Primaria, la que recuerda toda la gente que fue a la escuela alguna vez, afirma que los seres vivos son aquellos que “nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Es la definición de vida de más éxito, la de toda la vida. Y sin embargo es una mala definición cuyo éxito se debe a ciertas características:

  • Es breve e
  • Se relaciona de forma inconfundible con el objeto a definir (“ser vivo”).
  • Sugiere una idea intuitiva de ciclo vital, una secuencia con un principio y un final que es una vuelta al
  • Suena bien y es fácil de

A primera vista se ajusta bien a la condición de definición antedicha: una frase (o proposición) que resume de forma breve e inconfundible el significado de una palabra (o expresión) (“ser vivo” en este caso). Es breve y no da lugar a la confusión.

Para dar validez a una definición debe verificarse si se cumple en todos y cada uno de los casos en que debería cumplirse. La revisión de este escueto listado de cuatro palabras, que nos es tan familiar desde la educación infantil como para producir la aquiescencia irreflexiva, puede dar interesantes sorpresas precisamente por ser de toda confianza.

Puede aducirse con sensatez que pocas definiciones terrenales se cumplen en todos los casos. Suele ocurrir en Biología que, si se busca lo suficiente, acaba por hallarse un ser vivo que desafía a cualquier definición imaginable. En este asunto parece más razonable considerar el común de los casos que hacer hincapié en las excepciones.

Por otra parte, una aplicación absolutamente rígida de tan sencilla definición llevaría al cómico extremo de considerar que un individuo no es un ser vivo en tanto no se haya reproducido. En los múltiples organismos microscópicos que se dividen por bipartición, tal rigidez conduce directamente a la paradoja de que alcanzarían su estatus de ser vivo precisamente cuando dejaran de existir como individuos. Las hormigas obreras no se reproducen y nadie cuestiona que son seres vivos.

Necesitamos definiciones para marcar espacios conceptuales que permitan entendernos, pero exigir la perfecta delimitación de sus límites convertiría la tarea de definir en una prolija tarea de éxito improbable. Debe aceptarse la existencia de excepciones que, eso sí, deben ser en verdad excepcionales. De las definiciones no esperamos la perfección sino el entendimiento.  La comunicación está llena de sobreentendidos.

Ni aún así. Nuestra definición de siempre sigue siendo incorrecta. Acumula incorrecciones suficientes para ser considerada inaceptable.

 

¿Qué tiene de malo?

Su deficiencia principal es que no resume bien qué es un ser vivo. Olvida aspectos fundamentales de los seres vivos. Aunque la concatenación de actividades de la secuencia “nacen, crecen, se reproducen y mueren” puede considerarse exclusiva y por tanto identificativa de los seres vivos ya que solamente los seres vivos hacen esas actividades2,  ignora gran parte de las actividades vitales. En concreto, ignora toda la función de relación y buena parte de la función de nutrición.

En nuestra infancia, la actividad vital más llamativa es sin duda el movimiento autónomo y los primeros seres vivos que reconocemos son los animales, porque se mueven. Precisamente el movimiento es uno de los aspectos que no contempla en absoluto la definición clásica. Ni el movimiento, ni la percepción, ni la sensibilidad, ni la comunicación, ni modo alguno de relación con el entorno… Por otra parte, la nutrición no se limita al crecimiento. Este texto lo escribe un ser vivo que dejó de crecer hace tiempo pero que sigue proporcionando a sus células los nutrientes que necesitan gracias a infinidad de actividades propias de la nutrición.

 

Nacen y mueren

Ambas palabras que pueden resultar problemáticas, bien que en sentidos opuestos. No en vano se refieren a los dos extremos temporales de la vida de cualquier organismo: nacer y morir, origen y fin.

El nacimiento es universal a todas las formas vivas, o no; depende de lo lejos que se esté dispuesto a llevar la metáfora: si cualquier comienzo es un nacimiento, todos los seres vivos comienzan a vivir en algún momento y de alguna forma. Pero no suele atribuirse a la palabra nacimiento un significado tan amplio. San Ramón Nonato fue obsequiado con apelativo tan peculiar porque no “nació” sino que vio la luz tras la muerte de su madre. No ocurrió lo mismo con Julio César, (cuya madre, Aurelia, vivió hasta la vejez), aunque sí con uno de sus ancestros. La acepción tradicional de nacer suele limitarse a los mamíferos placentarios y deja para los organismos ovíparos con la palabra eclosión como más o menos equivalente y el vocablo germinación para los vegetales. Pero, aunque se acepta generalmente que la eclosión es un nacimiento, más peliagudo sería conseguir que todo el mundo aplicara la palabra nacimiento a la obtención de descendientes mediante procesos como la bipartición ya citada o a diversas formas de reproducción vegetativa. La fragmentación de un rizoma o la producción de incipientes medusas por estrobilación son ejemplos de mecanismos que producen seres vivos sin que exista nacimiento incontestable. Aunque quizás, al fin y al cabo, haya muchas personas que consideren admisible para estos ejemplos una aplicación flexible de la definición que permita sostener la palabra nacen.

En el otro extremo, la muerte no es una característica de los seres vivos, sino de quienes han dejado de serlo. Una bacteria es, no hay duda, un ser vivo, aunque finalmente no muera sino que se divida en dos. La muerte de estas bacterias, y de otros pequeños organismos, no está integrada en su ciclo de vida, es siempre accidental. Al menos en ambos casos puede cuestionarse la inclusión de la palabra “mueren” en la definición. Aunque es cierto que solamente puede morir quien está vivo, su inclusión parece innecesaria por su obviedad. Del mismo modo cabe afirmar que solamente puede caer quien ha alcanzado una cierta altura.

2 A veces se citan semejanzas entre las funciones vitales y algunos fenómenos físicos como el crecimiento ordenado de los cristales, la estabilidad de los vórtices o la estabilidad y capacidad de reproducción (transmisión) de las llamas. Su análisis queda lejos del propósito de este artículo.

 

La confesión de un fracaso

Es posible que mucha gente considere útil emplear la definición clásica como primera definición, a mejorar y completar más adelante, pero el caso es que escribo este comentario porque una vez tuve un alumno universitario que tenía por entonces unos veinte años y estaba a punto de conseguir su licenciatura y que se negó en redondo a cambiar su vieja definición.

Sí, mi alumno defendió con fiereza su incorrecta definición de toda la vida: los seres vivos son aquellos que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Al principio pensé que era una broma, o un problema menor. Debería haber bastado con reflexionar sobre la ausencia en su definición favorita de la función de relación, sin la cual no hay vida, podría añadir que crecer no es la única función de la nutrición y finalmente podría concluir la intervención con una discusión amable y abierta valorando las objeciones ya expresadas acerca de si es o no conveniente la inclusión de palabras como nacen y mueren. Eso pensaba yo. Sin embargo, descubrí que había hecho de ella una parte inamovible de su conocimiento más firme, una cuestión de principios, incluso con valor identitario. Según su punto de vista, yo era alguien extraño en su vida que trataba de erosionar uno de sus conocimientos más acendrados, uno de sus valores más seguros.

Me consta que fracasé en el empeño. Una de las cuestiones más importantes para él era aceptarme como autoridad mientras yo pretendía animarle a reflexionar, a analizar el problema y extraer sus propias conclusiones, que confiaba acabaran pareciéndose en algo a las mías. Aunque por momentos parecía atender mis razones, acabó por revelarme el secreto de su fidelidad a la veterana formulación: se la había enseñado su maestra cuando tenía cinco años, la aprendió y la sabía desde entonces.

Nunca menospreciemos el poder del aprendizaje infantil.

 

©Sensio Carratalà Beguer

2 respuestas a «¿Nacen, crecen, se reproducen y mueren?»

Buen artículo, pero se pierde en demasiados detalles. La introducción de tres párrafos sobre qué es una definición francamente sobraban.

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