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Comentario sobre el «Discours sur les révolutions du globe» de Georges Cuvier

En su Discours sur les révolutions du globe, Cuvier muestra algunas de sus principales ideas sobre los fósiles y su interpretación, el catastrofismo y su oposición a la idea de evolución de los seres vivos. Aquí se comenta este texto breve y revelador.

No es difícil encontrar en la red algunas publicaciones accesibles de Georges Leopold Chrétien Fréderic Dagobert Cuvier (1769-1832), el gran naturalista francés que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX y fue figura dominante de la Biología francesa durante un largo periodo. Cuvier no goza de muchas simpatías en la actualidad. Se le recuerda más bien como el poderoso personaje que se opuso a las incipientes teorías evolutivas y muy especialmente a la teoría de su contemporáneo Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, caballero de Lamarck, a quien dedicó un agresivo responso fúnebre que se recuerda como uno de los episodios más bochornosos de la historia de la Biología. También merece ser recordada su oposición a las tesis del autor de una gran enciclopedia de Historia Natural, Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon y su debate de 1830 con Étienne Geoffroy Saint-Hilaire. Sea como fuere, se las arregló para para mantenerse en la cúspide de la ciencia francesa a través de todos los acontecimiento que hubo de vivir en una época particularmente convulsa.

Como suele ocurrir con los poderosos que dejaron de serlo, Cuvier ha sido ridiculizado a posteriori, anacrónicamente. Su visión fijista[1] y catastrofista[2] queda muy lejos de la perspectiva científica actual. Se le atribuye a menudo la teoría de las creaciones múltiples, vista como una opción desquiciada para salvar el fijismo del transformismo[3], a pesar de que nunca la formuló. Para mucha gente, Cuvier es uno de esos personajes malvados que jalonan la historia de la ciencia y, en consonancia, se recuerdan mejor sus errores y malas acciones que sus abundantes aportaciones positivas.

El “Discours sur les révolutions de la surface du globe[4], a la par que breve y accesible, parece apropiado para conocer su visión de la vida en la Tierra y las razones que sustentaron su papel de último gran naturalista opuesto a las tesis evolutivas.

Las revoluciones del globo

Página inicial del Discours sur les révolutions de la surface du globe, de Georges Cuvier

Queda claro desde el principio que la modestia no fue la mayor virtud de Cuvier. La abrumadora presentación de credenciales de la portada, rematada con la discreción ostentosa de un etcétera, puede entenderse como una llamada de atención a la importancia del autor y de su obra, una reclamación del principio de autoridad, una indicación contundente de que este texto no lo ha escrito cualquiera ni podría haberlo escrito cualquiera. En realidad, este proceder no era inusual en una época en que los caballeros científicos citados más arriba se daban importancia alargando a conveniencia sus nombres y títulos nobiliarios.

Es curioso que Cuvier escoja la palabra Révolutions para el título de este texto publicado en 1925, transcurrido un tiempo prudencial desde sus vivencias de la Revolución Francesa y los acontecimientos que la sucedieron, y tras la muerte de Napoleón en Santa Elena (1921). Su redacción es directa y clara, mostrando desde el principio tanto su propósito como sus principales ideas.

Ha habido revoluciones en el globo. Podemos distinguir conchas fósiles en estratos que forman el medio físico terrestre. También ha habido revoluciones violentas y rápidas en épocas anteriores a la existencia de la vida. Los granitos que forman las cumbres de las montañas proceden de líquidos calientes.

La historia del medio físico no puede explicarse, como la historia, mediante las causas actuales. Hay cuatro causas actuales que modifican el medio físico: hielo-deshielo, lluvia, cursos de agua – torrentes y volcanes. Ciertas causas, como la acción del mar, el viento y otras, no tienen entidad para producir las revoluciones. Se dice que en general el nivel del mar está bajando según se ha comprobado en algunos lugares del báltico, pero esto no tiene nada de general. La acción de los volcanes es limitada. No hay, por tanto, causas actuales que expliquen las revoluciones que se deducen de la observación geológica de la superficie del globo. Tampoco las causas astronómicas estables, los movimientos de la tierra, pueden dar cuenta de la enrevesada disposición de los estratos y materiales geológicos más antiguos.

De modo que en sus primeros pasos se aleja del actualismo que había sido propuesto por Hutton y que impondría Lyell en su propia versión apenas quince años después, pero acepta en cambio la idea del primero sobre el origen de los granitos, con lo que se aleja de Werner y los neptunistas alemanes.

Se interesa desde el primer párrafo por las revoluciones y descarta rápidamente que las cuatro causas actuales (hielo-deshielo, lluvia, cursos de agua y volcanes) tengan entidad para haber producido las revoluciones que pueden deducirse del estudio de la superficie terrestre. Tampoco halla causas astronómicas que puedan ser responsables de los cambios. Sin embargo, Cuvier no alberga dudas sobre la existencia de revoluciones “violentas y rápidas” en el pasado. Los fósiles, los granitos y la “enrevesada disposición de los estratos” lo atestiguan.

Comienza por señalar que ha tratado de ajustar las explicaciones del pasado geológico al relato del Génesis, del que parecen deducirse dos grandes revoluciones, el nacimiento del mundo y el diluvio universal. Menciona también opiniones más atrevidas, como que la Tierra fue líquida en el principio o que toda la Tierra es un ser vivo. Concluye que, a pesar de las contribuciones de Saussure y Werner, no se ha hecho todavía el estudio geológico del desarrollo del globo terrestre. Para Cuvier hay contribuciones de diversas especialidades, pero falta una labor de síntesis que las relacione. También se ignora la causa de los cambios de materiales, no se sabe si es el agua o el fuego.

Fósiles

En su investigación se dispone a estudiar los fósiles, pero no todos; escoge los cuadrúpedos por ser informativos y porque, según afirma confiado, “casi todos han sido ya descubiertos”. En la revisión inicial hay una larga descripción de las similitudes y diferencias entre cuadrúpedos conocidos de antiguo, descubiertos en América y en Nueva Holanda[5]. Hay también una crítica a las referencias de cuadrúpedos fantásticos. Por otra parte, señala que los cuadrúpedos son difíciles de determinar, ya que se hallan muy fragmentados. Se ha encontrado más de 150 especies de cuadrúpedos fósiles. Más de noventa fósiles corresponden a especies nuevas, once o doce corresponden a especies conocidas y todavía no se han resuelto las dudas sobre el resto. Sesenta pertenecen a géneros nuevos y los demás pertenecen a géneros o subgéneros conocidos. De las 150, una cuarta parte corresponde a cuadrúpedos ovíparos y el resto son mamíferos.

Aunque hace la advertencia de que podría haber aún pequeños fósiles ocultos y es prematuro extraer de conclusiones sobre una teoría de la Tierra a partir de los que ya dispone, se anima a proponer algunas leyes generales:

  • Los cuadrúpedos ovíparos aparecen antes que los vivíparos.
  • Plesiosaurios, ictiosaurios y algunas tortugas y cocodrilos se hallan por debajo de las cretas del Jura.
  • Paleoterios, anoploterios, etc., aparecen sobre los grandes paquetes de calizas, en estratos regulares continentales. Los elefantes, rinocerontes, mastodontes, hipopótamos, etc., son más recientes y no se mezclan con aquéllos.
  • La descripción de los yacimientos recientes es a menudo deficiente. La de los fósiles es mejor.
  • Ha habido probablemente dos sucesiones de cuadrúpedos antes de la época actual.

Hace algunas consideraciones interesantes. “Las especies fósiles (perdidas) no son variedades de las especies vivas. Esto podría ser razonable para quienes creen que las especies pueden cambiar indefinidamente, pero no aparecen formas intermedias.” La ausencia de formas intermedias en los yacimientos es una de las claves para entender el pensamiento de Cuvier, en especial su oposición a las teorías evolutivas.

Los caracteres más superficiales son los más variables, dependen de características ambientales como la luz o el calor. Estudia los zorros y no halla más que diferencias individuales. Más temeraria parece la afirmación de que “Los elefantes, por ejemplo, serán más grandes donde el alimento favorezca la formación del marfil.” Y recuerda que “La naturaleza previene la mezcla de organismos de diferentes especies.” Reconoce que la influencia humana ha producido muchas variedades de perros al tiempo que observa que “hay límites claros en sus variaciones.” Los obeliscos egipcios de Roma muestran especies de pájaros idénticos a los actuales. Su conclusión es fácil de predecir: “No hay nada en los hechos conocidos que apoye que los fósiles antiguos sean el origen de los cuadrúpedos actuales.” También parece claro que su mirada busca pruebas para rebatir la idea de evolución que promueve Lamarck, que tiene como antecedentes a Maupertuis, Bonnet, Buffon e incluso Diderot (uno de los autores de la Enciclopedia) y que ha ganado simpatías en el ambiente intelectual francés.

Hace una declaración que le distancia netamente de la idea de que tras las extinciones de faunas hubo creaciones sucesivas:

Por lo demás, cuando sostengo que los bancos de piedra contienen los huesos de diversos géneros, y las capas blandas los de varias especies que ya no existen, no pretendo que haya sido necesaria una creación nueva para producir las especies que existen hoy día; digo solamente que no existían en los lugares donde se la ve ahora y que han debido venir de otra parte.

Si una transgresión marina inundara Nueva Holanda destruiría muchas especies, dado que no existen en ningún otro lugar. Si luego hubiera un puente seco que la comunicara con Asia podría llegar fauna asiática. Y una catástrofe que hiciera desaparecer la fauna en Asia crearía perplejidad sobre el origen de la fauna de Nueva Holanda.

Y a continuación:

Yo aplico este modo de ver a la especie humana. Pero no hay fósiles humanos.

Curiosamente, la ausencia de fósiles humanos le permite afirmar que las diversas razas de cuadrúpedos fósiles no son variedades sino auténticas especies, ya que no han sufrido la influencia humana. Para explicar la ausencia conjetura que:

Es posible que hubiera pequeñas poblaciones humanas en lugares poco extensos. También es posible que los fósiles pudieran hallarse sepultados o en el fondo del océano. En cualquier caso, el establecimiento de los seres humanos en lugares donde se han hallado fósiles de cuadrúpedos ha de ser posterior a las últimas revoluciones. No hay argumentos a favor de la antigüedad de la especie humana en esos territorios.

El relieve ha cambiado con el tiempo

El cálculo de los efectos producidos por los agentes actuales desde que empezaron a actuar nos permite calcular cuándo adquirieron los continentes su forma actual. Pone como  ejemplo los cambios producidos en tiempos históricos en los deltas del Nilo y del Ródano. Afirma que también las dunas y las turberas cambian el paisaje. “Desvían ríos, ocupan valles y colinas e incluso amenazan ciudades. Sirve de ejemplo Mimisan[6].

Emplea datos históricos para confirmar sus ideas. La llamativa aseveración: “La historia de los pueblos muestra la novedad de los continentes” se refiere más bien a su relieve y a su paisaje. Los libros más antiguos son judíos y forman el Pentateuco, no pueden tener más de 5000 años, consideran que otros pueblos cercanos son semisalvajes y presentan el diluvio como una regeneración de la raza humana. Las tradiciones griegas, posteriores, no contradicen el relato. Otras tradiciones comienzan con diluvios que los hindúes entienden como limpiezas. Reconoce que las listas de reyes no son siempre fiables y hay contradicciones en nombres y fechas. Tampoco la Astronomía ha resuelto el problema de la datación de los pueblos y sus obras. A menudo se ha exagerado su antigüedad y Cuvier considera que los datos no son dignos de confianza. Cita con escepticismo el caso de las minas de la isla de Elba, a las que se atribuye una edad de 40000 años.

Como conclusión, puede afirmarse que la superficie de la Tierra ha sufrido una gran y súbita revolución reciente, que no puede datar de hace mucho más que unos cinco o seis mil años. Esta última revolución ha sumergido los continentes donde habitaban los hombres y animales anteriores y han secado los mares y océanos y que solamente tras esta revolución ha comenzado la marcha progresiva de la humanidad actual. Antes de la última revolución, en los países ahora habitados hubo al menos animales, a juzgar por sus restos, y es posible que haya habido incluso dos o tres transgresiones marinas desde cuando aquellos habitaron la tierra.

Los países habitados actualmente y que la última revolución ha hecho emerger del mar fueron habitados ya anteriormente, si no por hombres, al menos por animales terrestres. Eso significa que hubo al menos una revolución previa en que una transgresión marina los dejó bajo las aguas. Los restos de animales dan pie a pensar que pudo haber dos o tres irrupciones del mar. Considera, en consecuencia, que la Geología deberá estudiar la sucesión de revoluciones y las causas que las han producido.

Confiesa que estas ideas le han “atormentado” desde que comenzó sus estudios paleontológicos y acepta que sus hallazgos “no son más que una pequeña parte de los fenómenos ocurridos durante la penúltima edad de la Tierra.

Estudia la creta[7] de la cuenca de París y llega a la conclusión de que es mucho más antigua de lo que se pensaba. Los materiales depositados por encima de esta roca son terciarios mientras que los inferiores son secundarios, mucho más antiguos.

A continuación hace una revisión de los estudios sobre las capas terrestres, desde las más superficiales hasta las más profundas, aquellas en que ya no se encuentran seres vivos fosilizados, con el fin de descubrir la secuencia de deposición. Concluye que:

  • ha habido varias transgresiones y regresiones marinas,
  • los fósiles cambian con las épocas, más diferentes de los actuales cuanto más antiguos y
  • en la base de la secuencia están los materiales geológicos primeros: esquistos, gneises y granitos.

Enumeración de los animales fósiles reconocidos por el autor

Cuvier acaba su Discours dando cuenta de sus propias investigaciones y de las conclusiones obtenidas. Enumera los animales fósiles siguiendo el orden en que fueron depositados.

En su descripción destaca los fósiles de los estratos del Jura[8], también presentes en otros lugares, donde hay gran variedad de ictiosaurios y plesiosaurios y a continuación grandes cuadrúpedos ovíparos como los gaviales y los cocodrilos, sorprendentes animales a quienes da el nombre de pterodáctilos y al menos un enorme megalosaurio de unos veinte metros de longitud. Entre estos huesos fósiles aparecen por primera vez mamíferos, del tipo de los insectívoros. También se ha hallado en Inglaterra un reptil herbívoro, el iguanodón[9].

Los famosos yacimientos de Maastricht han dado multitud de tortugas, además de conchas, zoofitos y grandes lagartos marinos, como el Mosasaurus[10].

Anota, en época más reciente, fósiles de castor y mastodonte hallados en Suiza. En las calizas que descansan sobre las arcillas estudia animales marinos, delfines desconocidos cerca de Dax, sirénidos y morsas. Por encima de las calizas, en zonas continentales de carácter lacustre comienzan a ser abundantes los mamíferos, entre los que cita: Palæotherium, Lophiodon, Anoplotherium, Anthracotherium, Cheropotamos, Adapis, etc., hasta más de cuarenta especies de paquidermos actualmente extintos solamente comparables en la fauna actual al tapir o al damán. Junto a los paquidermos había carnívoros, roedores, aves, cocodrilos y tortugas. Constata sorprendido que no aparecen rumiantes, actualmente muy abundantes. Tampoco hay cuadrumanos ni quirópteros.

Los peces y otros animales fósiles desconocidos son a menudo propios de climas más cálidos.

Interpretación

En su interpretación, Cuvier explica que:

“… todas estas poblaciones han sido destruidas y por encima hay depósitos marinos, lo que significa que el mar invadió los territorios que habitaron. Conocemos la vegetación de estos territorios abundantes en paquidermos, estaba constituida por palmeras y otras plantas de ambiente cálido.

El mar, tras dejar depósitos marinos, se retiró pronto, dejando lugar a los depósitos sedimentarios arenosos y limosos que conocemos. En los depósitos marinos debe reseñarse el hallazgo de fósiles de cetáceos semejantes a los actuales.

Los paquidermos que dominan ahora son elefantes, rinocerontes, hipopótamos, acompañados de innumerables caballos, de grandes rumiantes y de carnívoros como leones, tigres e hienas, una fauna propia de zonas tórridas. Entre estos animales se encontraron mamuts lanudos desde España hasta Siberia.

Finalmente, comenta la ausencia de fósiles humanos. Los fósiles encontrados junto con los de otros organismos se hallaron de forma accidental y, por otra parte, en escasísimo número, “lo que no ocurriría seguramente si los hombres hubiesen hecho entonces establecimientos en los países que habitaban estos animales.

Las preguntas que siguen a continuación son reveladoras y pertinentes: “¿Dónde estaba entonces el ser humano?  ¿La última y más perfecta obra del Creador existía en alguna parte?” ¿Los animales que le acompañan ahora en el globo, y de los que no hay trazas entre los fósiles, lo rodeaban? ¿Los países donde vivía con ellos han sido tragados cuando los que habita ahora,…, emergieron?”

Opta por la prudencia y renuncia a dar respuesta: “El estudio de los fósiles no nos lo dice y en este discurso no debemos remontarnos a otras fuentes.

Y en su párrafo final concluye que estamos ahora al menos en la cuarta sucesión de animales terrestres, y que tras la edad de los reptiles, la de los Palæotherium y la de los mamuts, mastodontes y megaterios ha llegado la edad en que la especie humana, con la ayuda de los animales domésticos, domina y fecunda apaciblemente la tierra y que solamente en los territorios formados tras esta época, en los aluviones, en las turberas, en las concreciones recientes, se encuentran los huesos que pertenecen a todos los animales conocidos que viven hoy día.

Epílogo

Georges Cuvier fue un gran estudioso del mundo natural, tuvo el reconocimiento de máxima autoridad en las Ciencias de la Naturaleza e impuso sus criterios sobre Biología en Francia y por extensión en gran parte de Europa. Como paleontólogo, aprendió que los fósiles acreditaban la existencia de una sucesión de faunas a lo largo del tiempo. Más aún, aunque no se trata en este Discours, se le señala como fundador de la Anatomía Comparada; era capaz de identificar variaciones del mismo hueso en distintas especies animales y explicarlas con razones funcionales, hasta el punto de que llegó a decirse, (exageradamente), que a partir de un solo hueso podía reconstruir el organismo completo.

Dedujo cambios importantes en los continentes a partir del análisis de materiales y fósiles, entre ellos varias transgresiones y regresiones marinas. Recibía consultas y muestras de todas partes y estaba perfectamente al día de los nuevos hallazgos. En su ambiente científico estaban surgiendo teorías evolutivas tentativas, erróneas en aspectos importantes, pero también sugerentes. Estaba en la mejor posición para aceptar la evolución biológica, tenía la información mejor y más completa, sus reflexiones le habían llevado a hacerse muchas de las preguntas pertinentes.

En un escueto resumen , cabe indicar que, a su entender, su sistema de creencias, propio de la época, creacionista y fijista, se confirmaba cada día: de las moscas nacen moscas y los perros nunca acaban por producir otra cosa que perros. Aunque la influencia humana había conseguido variedades sorprendentes, siempre “hay límites claros en sus variaciones[11]. Busca en la naturaleza observaciones que ponen a prueba sus creencias, pero no encuentra nada que requiera cambiarlas. Desde los tiempos más antiguos, (cita las ilustraciones egipcias, por ejemplo), los animales son perfectamente reconocibles, idénticos a los actuales. Tanto la observación cotidiana como los datos históricos mostraban que las especies eran inmutables. Queda claro que contemplaba una escala temporal excesivamente breve.

Irónicamente, apunta una leve idea de tendencia a la perfección cuando refiere que tras la última revolución aparece la obra más perfecta de la creación: el ser humano. Alguien, con cierta maldad, podría entender esa idea de tendencia como próxima a la idea evolutiva que propuso Lamarck.

Por otro lado, podría entenderse que es traicionado por los datos. Los fósiles y los estratos donde se hallan cuentan una historia que Cuvier lee en términos de transgresiones y regresiones marinas, de catástrofes. En su interpretación opone revolución a evolución. Si hubiera habido evolución, se dice, el registro fósil estaría repleto de fósiles intermedios, que mostrarían características intermedias entre los antiguos y los nuevos en cada cambio. Debería poder seguirse la pista, la línea genealógica que llevara de unos seres vivos a otros, pero no encuentra los fósiles necesarios para dibujarla.

El hecho de que el Discours se limite a los cuadrúpedos restringe el tiempo tanto como limita la biodiversidad. Los fósiles hallados en su época eran una fracción mínima de los conocidos actualmente. De hecho, en la actualidad se dispone de miles de fósiles intermedios que acreditan la sucesión ininterrumpida de cambios a lo largo del tiempo requerida por la evolución biológica. De haberlos conocido, es probable que la opinión de Cuvier hubiera sido distinta.

©Sensio Carratalà Beguer

NOTAS:

[1] El fijismo es la concepción de la Biología que afirma que las especies son inmutables a lo largo del tiempo. Se opone a transformismo.

[2] Cuvier llegó al concepto de catastrofismo a partir del estudio de los fósiles y consideró que bastaban cuatro catástrofes para dar cuenta del registro fósil. No habló de creaciones. Sin embargo, a medida que iban descubriéndose restos fósiles, se hacía necesario aumentar el número de catástrofes para que unas faunas fósiles dejaran paso a otras. Alcide Charles Victor Marie Dessalines d’Orbigny, que fue discípulo de Cuvier, es recordado porque en 1849 postuló veintisiete cataclismos y creaciones posteriores para conciliar el Fijismo con el registro fósil.

[3] Las teorías que defendían que las especies variaban a lo largo del tiempo recibían en la época el calificativo de transformistas.

[4] http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k6226540b, o https://archive.org/details/discourssurlesrv00cuvi

[5] Australia.

[6] Mimizan en la grafía actual, ciudad del sudoeste de Francia. Las imágenes actuales obtenidas por los satélites muestran claramente la presencia de dunas fijadas mediante vegetación junto a la ciudad.

[7] La creta es una roca calcárea formada por acumulación de algas del tipo Cocolitóforos. Da nombre al Cretácico, un período de la Era Mesozoica que va desde hace 201 millones de años hasta hace 145 m. a. Los blancos acantilados de Dover, al otro lado del Canal de la Mancha, son la formación de creta más conocida.

Thomas Huxley, amigo de Darwin, dictó en 1868 una famosa conferencia titulada “On a piece of chalk” (“Sobre un trozo de creta”). La conferencia fue publicada y constituye hoy uno de los primeros y más destacados textos de divulgación de la Geología.

[8] De donde procede el término Jurásico que se refiere al período de la Era Mesozoica extendido desde hace 201 m. a. hasta hace 145 m. a.

[9] Mientras Gideon Mantell, médico rural y gran aficionado a la Paleontología, atendía una visita, la señora Mantell se fijó en un fragmento que sobresalía de un montón de rocas de las obras de una carretera. Era un diente fósil. Gideon Mantell no pudo identificarlo y lo remitió a Cuvier, reconocido como el mejor referente para la identificación de fósiles, pero este lo despachó en primera instancia de forma displicente, afirmando que era un diente de hipopótamo. Si bien decepcionado, Gideon Mantell no dejó de insistir y le remitió algunas muestras más de los fósiles hallados. Cuvier supo reconocer su error y convino en que eran fósiles de un organismo desconocido. Alguien comentó que el diente recordaba a los de la iguana y Gideon Mantell le dio el nombre, poco acertado, de Iguanodon.

El iguanodón es uno de los dinosaurios más conocidos, vivió hace unos 125 millones de años y podía alcanzar 11 metros de longitud.

[10] El interesante documental “Sea Rex: Journey to a Prehistoric World” comienza con la llegada a París de una caja de fósiles de Maastricht y da cuenta del papel de Cuvier en su estudio. http://www.searex-thefilm.com/

El Mosasaurus fue gran fosil reptiliano encontrado en Maastricht. Vivió hace unos 70 millones de años. A principios del siglo XX, Alfred Wegener lo citó como prueba de que los continentes habían cambiado su posición, ya que había sido hallado a ambos lados del Atlántico. El movimiento de los continentes, integrados en las placas litosféricas, se explica actualmente mediante la teoría de la Tectónica de Placas.

[11] Citado más arriba.

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