Hay personas que con su trabajo cotidiano obtienen resultados extraordinarios. Y las hay que cambian el devenir de una disciplina, se adelantan al resto y abren nuevas vías de investigación, que consiguen acertar y sorprender en cada trabajo. Allan Wilson aunaba sin duda ambas características. No conviene perderlo de vista.
Allan Charles Wilson nació en una granja de Ngaruawahia, Nueva Zelanda, localidad situada a unos 100 kilómetros al sur de Auckland. No tuvo una vida muy larga, pues falleció a los 56 años (1934-1991), pero tuvo tiempo para revolucionar los conocimientos sobre Evolución Molecular. Y lo hizo en una época en que la simple yuxtaposición de las dos palabras enervaba a muchos de sus colegas.

Suyas son algunas de las publicaciones científicas con mayor repercusión científica y mediática del siglo XX. A partir de 1964, cuando dispuso de su propio laboratorio en la Universidad de Berkeley, California, se convirtió en el maestro indiscutible del manejo del reloj evolutivo molecular y cambió para siempre el estudio de la evolución humana.
La lectura del obituario que le dedicó Rebecca Cann, hace pensar que en la vida de Allan Wilson hubo más de un evento afortunado. Cuenta[1] que una noche Allan perdió el tren de vuelta a casa, se quedó leyendo un libro de Bioquímica Comparada[2] … y abandonó su intención de estudiar Veterinaria. No mucho después, asistió a una conferencia del Dr. Campbell Percy McMeekan, un científico local, quien le animó a estudiar Bioquímica en la Universidad de Otago, ubicada en Dunedin, en la isla sur, a varios días de viaje desde su hogar. Pasó el verano trabajando para costearse los gastos y en 1952, con 17 años, se plantó en Otago. Allí se graduó en Zoología y Química. Había madurado y se interesó en establecer puentes entre la Biología Evolutiva de los organismos y la Evolución molecular.
En Dunedin conoció al fisiólogo estadounidense Donald S. Farner, que había acudido a Otago como profesor visitante. Farner le propuso matricularse en la Washington State University en Pullman, bajo su tutela, de modo que en cuanto acabó su servicio militar viajó a Pullman, donde estuvo trabajando varios años con Farner en el laboratorio de Zoofisiología, llevó a cabo estudios sobre la regulación hormonal del comportamiento de algunas especies de pájaros y en 1957 había completado su master en Zoología.
Se dirigió entonces a la Universidad de Berkeley, en California. Bajo la dirección del Dr. Arthur Pardee obtuvo el doctorado en Bioquímica en 1961. Pardee había sido alumno de Linus Pauling[3] y acababa de regresar de París, donde había trabajado con François Jacob y Jacques Monod[4]. Fue una época excitante, en la que hizo sus primeras publicaciones importantes sobre regulación genética y moléculas de interés en el metabolismo de las bacterias.
La siguiente parada fue la Universidad Brandeis, Boston, donde obtuvo un trabajo posdoctoral con Nathan Kaplan, antiguo participante en el proyecto Manhattan[5], que preparaba un nuevo programa de doctorado. Allí tuvo ocasión de participar en investigaciones sobre el papel de ciertas enzimas en aves. Pero su interés se iba decantando hacia el estudio de enzimas específicas de distintos tejidos y la relación entre bioquímica, taxonomía y evolución.

Cuando Wilson regresó a Berkeley en 1964 ya había conseguido una sólida reputación como científico. Fue contratado como profesor asistente con la misión de poner en marcha su propio laboratorio en el departamento de Bioquímica. No tardó en mejorar su situación profesional y personal. Permaneció en Berkeley durante el resto su vida.
Fue mucho más que la persona que puso a punto la técnica del reloj evolutivo molecular. Supo utilizarlo como instrumento eficaz para la medida del cambio evolutivo y contribuyó con ello a establecer el campo de la Evolución Molecular. Aunque al principio, en sus trabajos con Sarich, empleó proteínas para establecer relaciones filogenéticas, fue capaz de hacer brillantemente la transición de la secuenciación de proteínas a la de ADN en cuanto fue posible.
Durante unos años Allan Wilson parecía ser el factor común de los principales artículos sobre evolución molecular humana. De su laboratorio salieron notables descubrimientos[6], algunos de los cuales sorprendieron y conmocionaron al mundo.
© Sensio Carratalà Beguer
NOTAS
[1] Cann atribuye el relato a Colleen, la hermana de Allan Wilson, que contó la anécdota en un programa de televisión.
Rebeca L. Cann. Allan Charles Wilson (Obituary) https://royalsocietypublishing.org/
[2] Bioquímica Comparada, de E. Baldwin, publicado en 1937. Para mi grata sorpresa, he encontrado la traducción española del libro a un metro de mi espalda, en mi propia biblioteca. La traducción que tengo data de 1966 y fue realizada a partir de la cuarta edición inglesa, publicada en 1964.
[3] Pauling y Zuckerkandl eran los autores de la hipótesis del reloj evolutivo molecular que con tanto provecho utilizó Wilson.
[4] Jacob, Monod y Lwoff recibieron en 1965 el premio nobel de medicina por sus estudios sobre el control genético de las enzimas y la síntesis de virus.
5] Proyecto destinado a la fabricación de armas nucleares durante la segunda guerra mundial. Entre otros resultados dio lugar a las primeras bombas atómicas.
[6] Son memorables sus trabajos con Vincent Sarich, Marie Claire King, Mark Stoneking y Rebecca Cann, entre otros.
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