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¿Conoce a Alfred Russel Wallace?

Quizá no le suene a Ud. tanto este nombre como el de Charles Darwin, el naturalista inglés que propuso la Teoría de la Evolución a través de la selección natural. Pues ocurre que Alfred Russel Wallace, naturalista galés y coetáneo de Darwin, también concibió esta idea y propuso esta misma teoría, de manera completamente independiente y, como Darwin, realizó viajes y descubrió nuevos hechos para la ciencia. En realidad, la biografía y la obra de Alfred Russel Wallace le guardan muchas sorpresas.

Quizá lo primero que sorprenda es que, en el momento de formular el concepto de selección natural (aunque venía meditando sobre el tema desde años antes) Wallace no realizaba estudio teórico alguno sobre los seres vivos. Era un observador inteligente que se hallaba explorando el archipiélago malayo, dedicado a la recolección, catalogación y estudio de especies de aquellas lejanas islas. Y fue en unos días en que se recobraba de un ataque de malaria en la localidad de Ternate (en las islas Molucas) cuando reflexionando, era el mes de febrero de 1858‒ escribió ocho páginas en las que describía resumida, pero perfectamente, las ideas básicas de la selección natural. Afirmaba, por ejemplo, que la vida de los animales es una lucha por la existencia, en la que los más débiles de una organización imperfecta siempre sucumben. “La posibilidad de obtener alimento durante las estaciones menos favorables y de escapar de los ataques de los enemigos más peligrosos son las condiciones primarias que determinan la existencia tanto de individuos como de especies completas…” Lo tituló: Sobre la tendencia de las variedades a desviarse indefinidamente del tipo original.   (1)

Le pareció que eran buenas y originales ideas sobre el proceso de especiación, así que sin mayor elaboración remitió su texto a Charles Darwin, con la indicación de que lo remitiera también a Charles Lyell (geólogo inglés de prestigio) si consideraba que era novedoso e interesante.

No sabía, en ese momento, que la verdadera sorpresa –nada agradable- era la que iba a causar su breve escrito en el más famoso naturalista de Inglaterra.

Wallace autodidacta

Wallace fue un autodidacta. Había nacido en Gales, (2) y (3) en el seno de una familia pobre en 1823 y tuvo que dejar la escuela a los 14 años. Ya no volvió nunca a una escuela o Universidad y todo lo que aprendió lo hizo por su cuenta. Cuando salió de la escuela, estuvo ayudando durante una temporada a su hermano en unos trabajos como topógrafo para el ferrocarril. Posteriormente y con una cierta preparación, logró un trabajo como maestro en la Collegiata School en la población de Leicester. Tenía veintiún años.  

El año anterior había fallecido su padre y había dejado a su viuda en pésimas condiciones económicas, de modo que el salario con que fue remunerado en la escuela ayudó a remediar la situación. La escuela además le dejaba tiempo libre para realizar las dos actividades que más le gustaban: salir al campo para realizar estudios y acudir con regularidad a la biblioteca.

Fue estando en Leicester cuando conoció a Henry Walter Bates (1825-1892) (4) lo cual influyó en gran parte su futuro. En principio, Wallace, que siempre había dedicado su esfuerzo al estudio de las plantas, se introdujo por influencia de Bates, en el mundo de los insectos (en el que luego destacaría como naturalista) e inició una amistad que durará toda su vida. Los dos amigos comparten la misma fascinación por los libros de viajes. Leen el recientemente publicado Viaje del Beagle de Darwin, pero sobre todo les impresiona el libro de William Henry Edwards -entomólogo norteamericano- (5) sobre su expedición al Amazonas. También por esa época Wallace leyó otro libro que, años después, tuvo para él una especial significación: Un ensayo sobre el principio de población, de Robert Malthus. (El mismo que serviría a Darwin para sustentar la teoría de la selección natural. El libro de Malthus realmente inspiró a ambos naturalistas).

Clases, lecturas y salidas de campo ocuparon buena parte del tiempo de Wallace en Leicester, Pero su vida sufrió un cambio imprevisto. En febrero de 1845 uno de sus hermanos, precisamente con quien había trabajado como topógrafo, murió como consecuencia de una neumonía. Decidió entonces dejar la el trabajo de maestro y volver al trabajo de topógrafo, que veía muy factible, ya que se iba a producir la expansión del ferrocarril. Durante este tiempo se estableció en Londres y mientras desempeñaba su oficio de topógrafo seguía formándose a sí mismo, leyendo obras de historia natural. Un nuevo libro vuelve a hacer mella en él; fue: Vestiges of the Natural History of Creation, de Robert Chambers (1844), el motivo es que comprobó que aparecía expuesta por primera vez la posibilidad de la evolución de manera sistemática y, aunque no ve que ofrezca ninguna explicación sobre el proceso de cambio, a Wallace, le sirvió para empezar a plantearse el problema de las especies y la necesidad de encontrar una explicación a la manera en que se originan.

Aunque Bates residía en Gales, habían podido realizar numerosas salidas de estudio y conseguido ya cierta experiencia en la recolección y conservación de ejemplares. De hecho, incluso obtuvieron algunos pequeños ingresos por la venta de ellos a coleccionistas y museos británicos de historia natural, muy de boga entonces. Y es a punto finalizar su trabajo de topógrafo cuando consideraron la posibilidad de dedicarse a la recolección de ejemplares relacionados con la historia natural de manera profesional.

Finalizado su trabajo en la línea de ferrocarril, Wallace realiza un viaje a Gales para visitar a Bates, Es en ese momento cuando le plantea la idea de una expedición conjunta. La idea parte de Wallace. En principio el plan sería realizar una colección amplia de objetos (vendiendo los duplicados en Londres para pagar gastos) y estudiar el problema del origen de las especies, un tema sobre el que habían conversado y mantenido mucha correspondencia. (2) 

No era la primera vez que habían considerado la posibilidad de una expedición. Bates acepta. Y Cuando Wallace cumple 25 años (Bates era dos años menor) los dos intrépidos amigos, toman la decisión: el río Amazonas, en Brasil, es su destino. El hecho de haber conocido a Bates cristaliza ahora en su primer gran viaje. Wallace se convertirá en un experto explorador y ahora, más que nunca, van a ponerse a prueba las facultades de Wallace como autodidacta.

Pero sigamos conociendo a Alfred Russel Wallace.

Wallace, viajero y explorador

Wallace realizará a lo largo de su vida, dos grandes viajes de exploración científica. El primero de ellos al rio Amazonas y su afluente el rio Negro; el segundo al archipiélago malayo.

Viaje al rio Amazonas y rio Negro.

Su estancia en la selva más grande del mundo durará cuatro años. Wallace queda maravillado por el exuberante espectáculo que se extiende ante ellos. Los dos amigos llegan a hasta la ciudad de Pará, la ciudad más grande del Amazonas y comienzan enseguida sus tareas de exploración y recolección de ejemplares. Recorren cada rincón de esta amplia zona y transcurrido un año, en febrero de 1849, deciden separarse durante algún tiempo a fin de abarcar mayor área de estudio. Wallace continúa sus exploraciones por los alrededores de Pará, y Bates, en el rio Solimoes, en el alto Amazonas. En el verano, Wallace, recibe la alegre sorpresa de ver a su hermano menor, que había viajado desde Inglaterra.  Inmediatamente Wallace se ocupa de iniciar a su hermano en las labores de recolección y planea una expedición más ambiciosa por el Amazonas. Wallace acaba explorando el río Negro. Esto le ocupará dos años más. Dos años de exploración. Dos años de calamidades. Pero Wallace continúa con su misión: toma notas sobre las poblaciones humanas, sus lenguas, la geografía, la flora y la fauna. Logra ascender al punto más septentrional alcanzado por Alexander von Humboldt (6) unos diez años antes en el sistema Río Negro, pero sigue aguas arriba hasta alcanzar la localidad de Javita, más lejos que nadie hasta ese momento. Aquí redacta un mapa de la región de Río Negro que resulta ser lo suficientemente preciso para convertirse en el estándar durante muchos años.

Transcurrido este tiempo regresa a Pará y conoce entonces la tristísima noticia de que su hermano ha fallecido debido a la fiebre amarilla. Esto le provoca mucho desánimo. Siente que su viaje ha terminado. No lo piensa más: es momento de volver a Inglaterra. Pero no acaba aquí su mala fortuna.

Tres semanas después de la partida: El barco en el que regresaba Wallace, se incendia y naufraga. A duras penas logran los supervivientes mantenerse a salvo. Transcurren diez días de verdaderas calamidades y de manera providencial, avistan un barco que volvía a Londres desde Cuba. Son auxiliados por él y logran llegar a Inglaterra el 1 de octubre de 1852.

Bajo el mar quedaron todas las muestras que había recogido. Todas las muestras sobre las que tenía previsto realizar los estudios de identificación y catalogación. Cuatro años de trabajo científico y una apreciable cantidad económica que podía haber obtenido de la venta de sus colecciones quedaron perdidos bajo el mar. Pero Wallace no se rinde. Pese al naufragio, pudo salvar algunos cuadernos de observaciones y notas de viaje y eso, para Wallace, fue suficiente. Un año después de su regreso, en 1853, publica varios trabajos científicos y, sobre todo: A Narrative of Travels on the Amazon and Rio Negro, with An Account of the Native Tribes, and Observations on the Climate, Geology and Natural History of the Amazon Valley.

 Este sería el primer libro de Wallace que alcanzó cierto éxito y le permitió obtener algún beneficio económico.

Ahora era él, el ya experimentado explorador, el autodidacta Wallace, quien escribía un libro de viajes.

Después de su regreso al Reino Unido, Wallace pasa dieciocho meses en Londres vendiendo los pocos especímenes que había enviado a Gran Bretaña antes de iniciar su regreso. Wallace era aún joven, tenía 30 años. La aventura amazónica le va a convertir en un magnífico explorador, su afán de seguir indagando en las selvas no se había resentido en absoluto por el naufragio y su voluntad como naturalista, estaba incluso fortalecida.

Segundo viaje: Viaje al archipiélago malayo

De nuevo, un hecho menor, casual, (datado el 8 de febrero de 1853) (2) va a marcar su próximo futuro. En esa fecha asiste a una conferencia sobre la zoología del Archipiélago Malayo que George Windsor Earl (1813–1865) (7) ofrece en la Sociedad Zoológica. Y tal es su impacto que en ese momento se plantea por primera vez, la posibilidad de dirigir sus pasos hacia esas islas que, en esos momentos, la mayoría, eran desconocidas para la ciencia. Sobre esta época realiza algunas publicaciones científicas y por primera vez empieza a ser conocido en los ámbitos científicos. Y, aunque con no poca oposición, en 1854 Wallace y Bates (aunque este último todavía no había regresado del viaje al Amazonas) logran ser admitidos como miembros correspondientes de la Sociedad Entomológica de Londres.

Pero en la cabeza de Wallace seguía rondando la idea de iniciar otro viaje. La elección del Archipiélago Malayo va ganando opciones. Este archipiélago estaba prácticamente inexplorado y había mantenido algunos contactos con la administración holandesa que le podría proporcionar la logística necesaria. En 1854, Wallace emprende su nuevo viaje. No regresará hasta 8 años más tarde, en 1862. El viaje de exploración al archipiélago malayo, lo considera Wallace en su autobiografía el más importante de su vida y será donde realice las mayores aportaciones a la ciencia.

Allí recoge y estudia nuevas especies (recolecta más de 125.000 especímenes -de los cuales sobre 80.000 son escarabajos y descubre que más de mil especies son  nuevas para la ciencia) allí, realiza detalladas observaciones sobre la distribución de especies, no sólo de insectos sino de también de aves y mamíferos, y desde allí hace envíos de muestras a Inglaterra con la esperanza de sufragar parte de los gastos de viaje.

Después de unos meses en Borneo, en 1855 parte hacia Bali e inmediatamente para la isla de Lombok. Y resultado de este viaje es un nuevo descubrimiento. Las islas de Bali y Lombok, observa, son aproximadamente del mismo tamaño, tienen el mismo suelo, el mismo relieve y el mismo clima y están muy cercanas (el estrecho de Lombok tiene 28 kilómetros en su parte más ancha). Sin embargo, la fauna de una isla es muy diferente a la de la otra, las especies que veía en una no aparecían la otra. Concluye que ambas islas pertenecían a dos provincias zoológicas diferentes.

Para probar esta afirmación (2) cita ejemplos como las cacatúas, un grupo de aves que están confinados a Australia y las Molucas y que son desconocidos en Java, Borneo, Sumatra y Malaca. Sin embargo, en Lombok hay una especie abundante, Plyctolophus sulphurens, que es absolutamente desconocida en Bali. Esto significaría que la isla de Lombok constituiría el extremo occidental del área de distribución de estas aves. Y no sólo estudia el caso de las cacatúas sino también de otras especies de flora y fauna. Wallace empieza a recopilar datos para uno de sus mayores descubrimientos: el límite biogeográfico entre Asia y Oceanía, la denominada «Línea de Wallace«, que definiría con detalle antes de volver a Inglaterra.

La línea de Wallace es un límite biogeográfico a través del archipiélago malayo y separa en realidad Asia y Oceanía. La fauna, y en menor medida la flora, son distintas a cada lado. Hoy sabemos que esta línea es el límite de dos placas tectónicas separadas por una fosa submarina que produjo dos historias evolutivas distintas.

Durante su estancia por las islas malayas, Wallace mantuvo correspondencia con Darwin. De hecho, se convertiría en miembro de la red de recolectores que le enviaban ejemplares interesantes a Darwin desde todas las partes del mundo. Y aprovechando esta conexión, Wallace envió a Darwin el artículo en el que introdujo el concepto de biogeografía, On the Zoological geography of the Malay Archipelago, que fue leído por Darwin en la Linnean Society of London el 3 de noviembre de 1859. (2)

Pero Wallace sigue teniendo en mente, desde años antes atrás, una de las cuestiones que siempre le ha atraído e intrigado: el modo de formación de las especies.

La selección natural

 El 8 de enero de 1858 desembarcó en Ternate.  Permaneció allí durante un mes (final de febrero a finales de marzo), la mayor parte postrado en cama por la fiebre que le provocaba la malaria. El descanso obligado le permitió, observar, leer y, sobre todo, reflexionar sobre el problema que casi le obsesionaba: el origen de las especies. En estas condiciones le llegará la idea inspiradora para desentrañar el misterio del origen de las especies y exponer una teoría que revolucionaría la Biología.

 “Un día (Citado en (2), del libro de Wallace 1905 My Life) algo me hizo recordar aquel libro que leí 12 años atrás: Principios de Población de Malthus. Pensé en su clara exposición sobre el control al incremento de población. Algunas causas eran la enfermedad, los accidentes, la guerra, la falta de alimentos suficientes, el hambre. En ausencia de ellas la población humana aumentaría de una manera casi exponencial. Se me ocurrió entonces que estas causas o sus equivalentes están continuamente actuando en el caso de los animales; y como los animales crían mucho más rápidamente que la humanidad la destrucción producida por estas causas cada año debe ser enorme para mantener el número de cada especie, ya que evidentemente éste no aumenta regularmente de año en año, ya que de otra manera el mundo estaría densamente poblado por aquellos que criaran más rápidamente. Pensando vagamente sobre la enorme y constante destrucción que esto implicaba, se me ocurrió plantearme la cuestión ¿por qué algunos viven y algunos mueren? Y la respuesta en ese momento la vi clara: en el conjunto, los mejor adaptados viven. El más saludable escapa a los efectos de la enfermedad; el más fuerte, el más rápido o el más astuto, de los enemigos; el mejor cazador o el de digestión más perfecta, del hambre; y así todo. Entonces repentinamente concebí que este proceso necesariamente mejoraría la raza, ya que en cada generación el inferior moriría y el superior permanecería – esto es, que el más apto sobreviviría”

Darwin había escrito:

Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y de ser así naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su nueva y modificada forma.”

Démonos cuenta de las sorprendentes coincidencias. Para Darwin y Wallace, el motor de la evolución es la selección natural. De hecho, la gran aportación de Darwin y Wallace es el principio de la selección natural. El cual, se puede expresar como sigue:

  • Los organismos vivos producen más descendientes que los que el medio puede sustentar.
  • Una gran parte ha de ser eliminada y sólo sobreviven los mejor adaptados, es decir, los que aprovechan mejor los recursos del medio ambiente
  • Los supervivientes transmiten sus características a la descendencia, y la acumulación de las pequeñas variaciones determina la transformación de las especies a lo largo del tiempo.

Y Wallace, estando en Ternate, tras enfermar de malaria y después de unos días de fiebre, es cuando reflexiona y escribe ocho páginas acerca del tema que le había rondado por su mente desde los días de su viaje por el Amazonas: la transmutación de las especies; envía a Darwin las ocho páginas (1) en que describe el proceso de Selección Natural y éste queda paralizado por la sorpresa.

El arreglo delicado

Hay que tener en cuenta que Darwin llevaba trabajando en el tema más de 20 años. Y la teoría de Darwin y Wallace suponía una auténtica revolución en el pensamiento científico y cultural de mediados del siglo XIX.

La teoría propuesta por Darwin y Wallace suponía (ver 3)

1. Reemplazar el modelo creacionista que considera las especies como entidades inmutables por un modelo evolutivo que las considera entidades mutables.

2. Reemplazar la idea de un diseño inteligente dirigido por una fuerza supra natural por un diseño natural, que se produce por selección natural. Esto provocaba la sustitución de Dios como algo necesario.

‒Y, al menos, en la concepción de Darwin:

3. Reemplazar la concepción teleológica y la visión del cosmos como algo que tiene dirección y propósito por la consideración del mundo como una sucesión de fenómenos sin propósito.

4. Sustituir el antropocentrismo por una visión del hombre semejante a la de cualquier otra especie.

Darwin recibió el escrito de Wallace el 18 de junio de 1858 con la consiguiente turbación, ya que vio reflejadas en el texto sus propias ideas sobre el mecanismo de la evolución.

Darwin lee y relee el escrito de Wallace y no da crédito. Esas ocho páginas torpedean su exhaustivo trabajo de años de observaciones y experimentos. Lleva más de veinte años trabajando sobre la misma idea, ha escrito cientos de páginas, ha realizado experimentos, buscando argumentos y pruebas pues es consciente de la importancia y del poder de la idea de trasmutación de las especies mediante la selección natural. Hace tiempo que sus amigos científicos le han apremiado para que presente sus ideas y asegure su prioridad. Pero él prosigue con su trabajo cuidadoso, se esfuerza en asegurar con datos cada una de sus afirmaciones. Teme, además, la reacción de la gente, de la misma sociedad a la que pertenece. Es consciente de que algunas personas van a sentirse molestas, incluso ofendidas, cuando publique su teoría. Y ahora…

¿Qué hacer ahora, cómo actuar?

Por una parte, Darwin no quiere ocultar el trabajo de Wallace; por otra, si publica ahora su teoría, corre el riesgo de que Wallace piense que, literalmente, ha copiado o plagiado sus ideas, y por otra aún, no desea en lo más íntimo que su trabajo de más de veinte años se vea arruinado.

Además, es un mal momento para Darwin. A sus continuos episodios de enfermedad, se añade ahora que su hijo, de dos años de edad, Charles Waring está enfermo de escarlatina ‒morirá al poco tiempo‒ y su hija Henrietta ha contraído difteria. Darwin se ve abrumado por la situación y escribe a sus amigos, J.D. Hooker (botánico) (8) y Charles Lyell (geólogo) (9)

Aunque en principio Darwin se siente inclinado a ceder la primacía del descubrimiento a Wallace, Lyell y Hooker le convencen para que acepte presentar en la Sociedad Linneana de Londres una comunicación conjunta en la que aparezcan los textos suyos y de Wallace. Esto es lo que se ha venido en llamar posteriormente: El arreglo delicado.

El arreglo, que idearon y llevaron a cabo Lyell y Hooker, consistió en que ellos mismos se harían cargo de presentar, en la primera sesión que estuviera previsto realizar en la Sociedad Linneana de Londres (de hecho, prevista para el 1 de julio de 1958), una carta donde darían cuenta de los trabajos realizados por Darwin en relación al origen de las especies y el texto que Wallace había remitido a Darwin. Esta carta que iba dirigida al secretario de la sociedad explicaba que: “estos caballeros (Darwin y Wallace) han concebido, independientemente y sin conocimiento el uno del otro, la misma hábil teoría que da cuenta de la aparición y perpetuación de las variedades y de las formas específicas sobre nuestro planeta, ambos pueden reclamar honestamente el mérito de ser los creadores originales en esta importante línea de investigación(10)  

Los textos que acompañaban a la carta fueron:

1. Extractos de un trabajo manuscrito sobre las especies, de Darwin, que fue esbozado ya en 1839 y copiado en 1844, cuya copia fue enviada por Darwin al Dr. Hooker. Sus contenidos se comunicaron posteriormente a Sir Charles Lyell. El segundo capítulo de este manuscrito que fue el que se leyó se titulaba: Sobre la Variación de los Seres Orgánicos en estado Natural; sobre el Significado de la Selección Natural; sobre la Comparación de las Razas Domésticas y las especies verdaderas.

2. Un resumen de una carta privada dirigida por Darwin al profesor Asa Gray (11) de Boston, EEUU, en octubre de 1857, en la cual repite sus puntos de vista y donde muestra que éstos permanecieron inalterados desde 1839 hasta 1857.

 3. El Ensayo escrito Wallace, titulado Sobre la Tendencia de las Variedades para alejarse indefinidamente del Tipo Original. Que fue escrito en Ternate en febrero de 1858, que fue el que envió a Darwin.

Wallace, que aún se hallaba en Malasia, fue informado después de estos hechos por carta y, junto a la cual, se le enviaba además un ejemplar libro de Darwin recién publicado ‒el 1 de octubre de 1859‒ “El origen de las especies…”

Por eso, Darwin estuvo intranquilo hasta conocer la opinión de Wallace sobre la solución que se había tomado, pero Wallace estuvo satisfecho. Consideró la presentación que hicieron Hooker y Lyell en la Sociedad Linneana como una presentación suya al mundo científico y agradecía a Hooker y a Lyell su intervención, Darwin quedó tranquilo (ver 12. Pág. 220)

Las ideas de Darwin y Wallace, cimentaron la biología moderna. Ambos señalaron que las especies derivan de una larga sucesión en el tiempo de formas cambiantes sobre las que actúa la selección natural y no, de un designio divino.

Sin embargo… sin embargo, Wallace y Darwin, mantuvieron en el fondo, notables discrepancias científicas.

Discrepancias científicas entre Wallace y Darwin

Aunque Wallace y Darwin estaban de acuerdo en la mayoría de las premisas básicas del mecanismo de la evolución, Wallace nunca tuvo miedo de estar en desacuerdo (2) con su viejo colega cuando lo consideró oportuno, aunque tales desacuerdos no le impidieron defender públicamente las teorías e ideas de Darwin ni impidieron a éste ayudar a Wallace en muchas ocasiones. (La cuestión de las discrepancias ha sido objeto de numerosos trabajos publicados. Ver, por ejemplo: (2) y (13)

Recordemos que para Darwin y Wallace el motor de la evolución es la selección natural. De hecho, la gran aportación de Darwin y Wallace es el principio de la selección natural, que se puede expresar como sigue:

  • los organismos vivos producen más descendientes que los que el medio puede sustentar
  • una gran parte sucumben a la falta de recursos y sólo sobreviven los mejor adaptados, es decir, los que aprovechan mejor los recursos del medio ambiente en la época en que le ha tocado vivir.
  • los supervivientes transmiten sus características a la descendencia, y la acumulación de las pequeñas variaciones determina la transformación de las especies a lo largo del tiempo.

Se podrían resumir así los puntos de discrepancia entre Darwin y Wallace:

Alcance de la teoría de la selección natural: Darwin enfoca la evolución restringiendo el concepto a los cambios irreversibles que han ocurrido en la vida, durante períodos significativos de tiempo. Considera que la selección natural es el principal proceso que dirige estos cambios, pero admite que haya otras fuerzas que también pueden influir en el proceso, (admite, por ejemplo, la herencia de caracteres adquiridos). Wallace, por el contrario, no observa la selección natural como un proceso sino como lo que desde un principio buscaba, una ley universal.

-Lucha por la existencia.- Al contrario que Darwin, Wallace piensa que el aspecto biológico de la evolución está completamente regulado por la lucha por la existencia. Para él la selección natural (y por tanto de las adaptaciones así producidas) no es un proceso en sí mismo, sino el resultado de la lucha por la existencia, y este resultado es la eliminación de los organismos menos útiles.

-Utilidad funcional.- Para Wallace la adaptación es el resultado de la selección de variaciones favorables que, necesariamente, deben de tener alguna utilidad para el organismo. Por tanto -y esto es importante para Wallace- el resultado lógico de la adaptación es que resulte necesaria la utilidad funcional. De hecho, en su libro Darwinism (1889) hace hincapié en el argumento de que los caracteres útiles son el lógico y necesario resultado de las modificaciones surgidas a través de la supervivencia del más apto.

-Analogía con la selección de animales domésticos.– Con respecto a los organismos domésticos, Wallace afirma resueltamente, que no se pueden establecer tales analogías. Para él, las formas domésticas eran el resultado de seleccionar anormalidades y consideraba que si estas formas retornaran a su ambiente natural o bien serían eliminadas o bien volverían a recobrar su forma original.

-Selección sexual.- En cuanto a la selección sexual, Wallace defendía que el colorido y las plumas ornamentales de los machos de las aves son marcas de reconocimiento, que solo sirven como signos de madurez y vigor sexual, y no son consecuencia de la elección de las hembras, por lo que no habría selección sexual.

-Infertilidad de los híbridos.- ¿La selección natural puede favorecer la infertilidad de los híbridos? No era una cuestión baladí, dado que el tema de la esterilidad de los híbridos se consideraba tradicionalmente un mecanismo diseñado para mantener bien separadas a las especies una vez creadas. Para superar los ataques creacionistas había que demostrar que era producto de la selección natural. Para Darwin la infertilidad era el producto fortuito de la diferenciación de los sistemas reproductivos y, por lo tanto, ni era un mecanismo de la creación para separar especies ni era consecuencia de la selección natural, algo que Wallace rechazó.

-Gradualismo. Cuestión importante para Darwin, que sin embargo Wallace rebate exponiendola idea de que la selección natural, en algunos casos, produce resultados que se pueden describir mejor en términos de alternancia entre momentos de reposo y de cambios rápidos y no necesariamente de manera gradual.

-Facultades psíquicas del hombre.- Este es el aspecto en que de manera más profunda discrepan los dos naturalistas. Wallace estaba convencido de que la selección natural es la única ley de la naturaleza que puede explicar el desarrollo de las estructuras más complejas del hombre, pero al mismo tiempo, duda de que se pueda aplicar al desarrollo de las facultades superiores del hombre. Argumenta las muchas capacidades que había observado en individuos de las poblaciones nativas amazónicas o indonesias comprobando que en poco tiempo podían adquirir los mismos conocimientos y aptitudes artísticas que los europeos, aunque muchas de estas aptitudes, decía, eran poco útiles en su medio. Y aquí introduce su principio de utilidad. Aplicando en sentido estricto este principio, considera que, si la selección natural no ha sido la que ha producido estas capacidades, tiene que existir otra ley o principio que permita el desarrollo de las mismas.

Y encuentra la solución. Para asombro de la comunidad científica, afirma que lo que permite el desarrollo de las capacidades superiores del ser humano, no puede ser otra cosa que una Inteligencia Superior, Esta Inteligencia Superior es la que ha controlado en opinión de Wallace, la acción de estas leyes, y la que ha dirigido las variaciones y determinando su acumulación.

El error de Wallace y el principio de objetividad de la naturaleza

Estando así las cosas, estamos ante dos científicos, dos naturalistas que están de acuerdo en el mecanismo de selección natural pero que discrepan en algunas cosas.

En realidad, es una situación bastante común en ciencia. Entonces, ¿por qué no se recuerda tanto a Wallace como a Darwin? Y transcurridos 161 años desde la formulación de la teoría de la Evolución por selección natural ¿estamos en disposición de decidir quién de ellos hacía las propuestas más correctas?

Cuando Wallace regresó a Inglaterra en 1862 lo hizo convertido en un experto naturalista. Además de la crónica de sus viajes (The Malay Archipielago: The land of the Orang-utan and the bird of paradis. 1872) publicó un notable conjunto de libros todos ellos hitos de la biología evolucionista (Contributions to the Theory of Natural Selection, 1870; Geografical distribution of animals, 1876; Island Life, 1882; Darwinism, 1889.)  (Ver, 14)

Entonces… fue precisamente en este último libro, en el que precisamente por su propio título rinde homenaje a Darwin (quien había fallecido ya 7 años antes) donde explicitó su gran discrepancia con él. El problema era el origen del hombre. Y lo explica aduciendo nuevas fuerzas, la fuerza del espíritu (aunque no habla de religión) “Para este origen –dice- sólo podemos encontrar una causa adecuada en el universo invisible del espíritu.” (3)

Wallace, un explorador intrépido, un perspicaz observador agudo e inteligente de la naturaleza, se aparta totalmente del terreno de la ciencia. Esta argumentación del espíritu como causa de las facultades mentales del ser humano, no es, en absoluto, una explicación científica, sino una afirmación indemostrable. Este fue el error de Wallace. (Fue precisamente acudir a este recurso, lo que más había indignado a Darwin. (3)

Wallace, además establece tres momentos en la historia de la vida en los cuales han actuado las fuerzas del espíritu, que son: el origen de la vida, el origen de la sensibilidad y el origen de las facultades cognitivas humanas.

Wallace definía la selección natural como una ley universal como mecanismo evolutivo, Pero una ley universal debe cumplirse en todos los casos, no hay excepciones y Wallace introduce excepciones: “… la teoría darwinista nos enseña que poseemos facultades intelectuales que no se pueden haber desarrollado por selección natural y por tanto deben tener otro origen.” (Darwinism, 1889).

 Wallace, ya en 1865, tras una dolorosa ruptura sentimental, comenzó a asistir a sesiones espiritistas. Al igual que el hipnotismo y la frenología antes. Wallace pensó que abordaba el tema con escepticismo, pero pronto se convenció por completo de que los fenómenos producidos por médiums como los golpes de mesa, los escritos de espíritus, las apariciones en cuartos oscuros, etc., debían ser genuinos y nunca más volvió a dudar de su conclusión. Al año siguiente, publicóEl aspecto científico de lo sobrenatural (1866) y posteriormente numerosos artículo (recientemente, han sido recopilados en el libro Defensa del espiritismo moderno (1973) (15) instando a que el espiritismo mereciera una investigación científica. Pocos de sus contemporáneos científicos estuvieron de acuerdo.

Autores modernos (ver Arsuaga, 2019) (16), creen que bien fuera por este acercamiento o no, Wallace se aparta definitivamente del terreno científico (17) El paleontólogo español, escribe su último libro (Vida, la gran historia, 2019) con un planteamiento inicial: construirse sobre el pilar del principio de objetividad de la naturaleza, sin apartarse de él ni siquiera provisionalmente, o en un ámbito limitado. (Pág. 86) Este principio, que desarrolló Jacques Monod (1971) (18) en El azar y la necesidad. Ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna, asume que la naturaleza no tiene fines, no tiene objetivos, no tiene un proyecto. La naturaleza es objetiva. Este principio es el que ha guiado a la ciencia durante los últimos 300 años.

Se podría argüir que ni Darwin ni Wallace, eran conocedores de este principio, pero Darwin dejó patente que la Naturaleza no tiene un plan preconcebido, no se dirige a ninguna parte en especial. Los resultados de la evolución, incluida la aparición de la especie humana, son contingentes, podrían haber sido otros y la especie humana podría no haber surgido nunca.

Wallace, en cambio, parte de un punto de vista cercano al de Darwin, pero tras no aceptar que el principio de selección natural pueda aplicarse a la mente humana, deriva progresivamente hacia una concepción teleológica de la Naturaleza, en donde acaba aceptando que la naturaleza tiene un propósito, tiene un fin. Acaba por concebir que la naturaleza, el mundo de la vida, sea el producto de un Creador y su evolución tiene un propósito final.

El mundo de la vida considerado como manifestación de poder creador, de una mente directiva y de propósito final

Este es, precisamente, el título de su último libro (19)

Wallace derivó en sus últimos años hacia posiciones espiritualistas, (por otra parte, muy en boga por aquella época) y en su último libro (aparecido en su primera edición inglesa el mismo año de su fallecimiento, 1913) dejó plasmado una especie de testamento de su visión de la naturaleza. Y de su firme convencimiento de que la humanidad fue colocada en la Tierra por alguna razón.

Un libro repleto de contenido científico, pero con una interpretación acientífica y rayando el espiritismo, donde habla de ocultas fuerzas que obran en todas partes y que presuponen una mente suprema como causa necesaria. Un libro en donde se suceden los capítulos de ciencias naturales desarrollando temas como “la flora tropical; distribución numérica de especies; herencia y variación; estudios geológicos,” pero en donde todo ello, todo el conocimiento aprendido a lo largo de toda una vida queda supeditado a una visión no científica… “deduzco que todo ello implica necesariamente, primero, un poder creador que creó la materia de estas maravillosas posibilidades, luego una mente directiva exigida en cada instante y , finalmente, un propósito final en todo el mundo de la vida en todo el largo cuso de la evolución  desde los eones del tiempo geológico.” (Prefacio)

Recordar a Wallace

Llegamos al final.

Quizá conozca ahora un poco mejor a Alfred Russel Wallace. Un naturalista de marcado carácter que no ocultaba sus ideas. Todo el mundo sabía qué era lo que defendía con pasión: el socialismo utópico, el pacifismo, la conservación de la naturaleza, los derechos de la mujer…. Wallace fue un activista social y criticó el sistema socioeconómico del Reino Unido durante el siglo XIX.

Defendía con vehemencia sus opiniones y llegó a aceptar, en 1870, incluso el reto de una apuesta que realizó un terraplanista de la época (un activista de la Flat Earth Society) de que pagaría 500 libras a quien demostrara la curvatura convexa de la Tierra, siempre que lo aceptara un juez de la apuesta. Wallace ganó, pero nunca recibió el dinero apostado.

Aunque tuvo discrepancias intelectualmente con Darwin, mantuvieron la amistad siempre. El día 19 de abril de 1882 falleció Darwin y su féretro fue transportado, entre otros, por sus amigos Hooker, Huxley y Wallace.

En el ámbito científico Wallace demostró su valía llegando a publicar 22 libros y al menos 747 publicaciones menores, 508 de las cuales fueron en revistas científicas, 191 de ellas en la revista Nature. (3) Ademásde recibir varios doctorados honorarios y un gran número de honores profesionales, tales como la elección para la Royal Society, la medalla Copley y un reconocimiento de la Corona Británica: la Orden de Mérito.

Desde 1886 Wallace viajó por los Estados Unidos de América impartiendo una serie de conferencias que  fueron la base de su libro Darwinism (1889), que fue quizás el resumen más claro y convincente de la evidencia de la evolución producida en el siglo XIX junto al Origen de las especies de Darwin.

El interés de Wallace por la biogeografía lo llevó a convertirse en uno de los primeros científicos en plantear un problema muy actual: el problema del impacto ambiental de las actividades humanas. Hoy, la isla de Java, en pleno archipiélago malayo está habitada por 145 millones de personas que provocan un grave impacto sobre los bosques que Wallace visitó. El tigre de Java se ha extinguido y el rinoceronte de Java es una especie muy amenazada y en peligro crítico (21)

Wallace, de cuyo fallecimiento se cumplen este año 107 años, vio venir este problema. Advirtió que la civilización moderna se estaba extendiendo sin control sobre la Tierra y sostuvo que, el mundo, no fue creado para el beneficio de la humanidad. 

Ahora que le conocemos, tal vez, deberíamos no olvidar a Wallace. Puede que merezca la pena que tomemos muy en serio su mensaje.

© Juan Pedro Fernández Romero

Notas

(1)   Sobre la tendencia de las variedades a apartarse indefinidamente del tipo original. (Este es el famoso «ensayo Ternate» que presenta la selección natural que Wallace envió a Charles Darwin en marzo de 1858): http://people.wku.edu/charles.smith/wallace/S043.htm

(2) FONFRÍA DÍAZ, JOSÉ, (2014).- ALFRED RUSSEL WALLACE: Hacia la resolución del problema de las especies.

file:///C:/Users/jpfro/OneDrive/Escritorio/Juan%20Pedro/biografia%20completa%20de%20wallace.pdf

(3)  https://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Russel_Wallace

 (4) Henry Walter Bates ( 8 de febrero de 1825 – 16 de febrero de 1892) Naturalista y explorador inglés famoso por la expedición que realizó al Amazonas con Alfred Russel Wallace en 1848.  Wallace regresó en 1852, pero perdió su colección en un naufragio. Cuando Bates volvió a casa siete años más tarde (en 1859) traía consigo más de 14.000 especímenes (básicamente insectos) de los que 8.000 eran desconocidos para la ciencia.

Bates nació en Leicester y a los trece años empezó a trabajar de aprendiz de calcetero. En su tiempo libre se dedicaba a estudiar y a coleccionar insectos del bosque de Charnwood. En 1843 publicó un breve artículo sobre escarabajos en la revista Zoologist Magazine. Se hizo amigo de Wallace y ambos decidieron visitar la región por su cuenta.

Desde 1864 trabajó como subsecretario de la Royal Geographical Society. Murió al parecer de una bronquitis. Fue el primero en dar cuenta del mimetismo en los animales

(5) William Henry Edwards nació en Hunter (Nueva York). Edwards es conocido por su viaje al río Amazonas en 1846, el cual describió en su libro A Voyage Up the River Amazon, with a residency at Pará. El libro inspiró a Henry Walter Bates y Alfred Russel Wallace a realizar su famoso viaje a la región. Edwards también publicó el primer estudio sobre las mariposas norteamericanas, titulado The Butterflies of North America (1897). Edwards también mantenía correspondencia con Charles Darwin. Durante su vida publicó más de 250 artículos en revistas científicas. Murió en Coalburgh (Virginia Occidental).

 (6) Alexander von Humboldt  (Berlín14 de septiembre de 1769– Berlín 6 de mayo de 1859). Geógrafoastrónomohumanistanaturalista y explorador prusiano, (hermano menor del lingüista y ministro Wilhelm von Humboldt)

Sus viajes de exploración le llevaron desde Europa a América del Sur y del Norte hasta Asia Central. Se especializó en diversas áreas de la ciencia, como la etnografía, la antropología, la física, la zoología —especialmente, en ornitología—, la climatología, la oceanografía, la astronomía, la geografía, la geología, la mineralogía, la botánica, la vulcanología ye incluso el humanismo

(7) George Windsor Earl (1813-1865) fue un navegante inglés y autor de obras en el archipiélago indio . Él acuñó el término ‘Indu-nesian’, más tarde adoptado como el nombre de Indonesia .

(8) Joseph Dalton Hooker  (HalesworthSuffolk30 de junio de 1817 –                                              SunningdaleBerkshire10de diciembre de 1911) fue un botánico y explorador británico. Famoso por su expedición al Himalaya y ser uno de los protectores de Darwin.

(9) Charles Lyell (Kinnordy, Forfarshire, 14 de noviembre de 1797Londres22 de febrero de 1875), fue un geólogo británico, uno de los fundadores de la Geología moderna. Lyell fue uno de los representantes más destacados del uniformismo y el gradualismo geológico. Su obra Principios de geología se convirtió en la obra de geología más influyente del siglo XIX y la buena venta de sus sucesivas ediciones fue la principal fuente de sustento de su autor. Carles Darwin leyó el primer volumen de la obra de Lyell durante su viaje de exploración en el HMS Beagle y escribió que los Principios de geología habían cambiado su forma de mirar el mundo, siendo una inspiración fundamental para El origen de las especies

 (10) Escrito conjunto de Darwin y Wallace leído el primero de julio de 1858.- Sobre la tendencia de las especies para formar variedades; y sobre la perpetuación de las variedades y especies por medio de la selección natural. Por Charles Darwin y Alfred R. Wallace. Comunicado por Sir Charles Lyell y J. K. Hooker: file:///C:/Users/jpfro/OneDrive/Escritorio/Juan%20Pedro/artículo%20conjunto%20darwin%20wallace.pdf

(11) Asa Gray ( Sauquoit, ParisNueva York18 de noviembre de 1810 – Cambridge (Massachusetts)30 de enero de 1888).- fue un naturalistamédico y considerado el botánico estadounidense más importante del siglo XIX. Mantuvo correspondencia con Charles Darwin a quien ayudó con valiosa información para el desarrollo de la teoría de Darwin en El origen de las especies. Fue un fiel defensor de Darwin en los Estados Unidos, y reunieron juntos varios de sus escritos para producir Darwiniana, un libro muy influyente en su tiempo.

(12) CARTAS DE  CHARLES DARWIN (1825-1859)  (1999).-  (Traducción española de  Ana María Rubio Díez). Cambridge University Press. 255 Pág.

 (13) PETER J. BOWLER.- Publicado el 2 de mayo, 2013 en  CIC Network.  «Charles Darwin y Alfred Russel Wallace: ¿iguales pero distintos?» en: https://culturacientifica.com/2013/05/02/charles-darwin-y-alfred-russel-wallace-iguales-pero-distintos-por-peter-j-bowler/

 (14)  Se puede consultar toda la bibliografía de Alfred Russel Wallace en: http://wallace-online.org/

(15) RUSSEL WALLACE, ALFRED (1973).- Defensa del espiritismo moderno. Ediciones “voz informativa”. México.  268 Pág.

(16) ARSUAGA, JUAN LUIS (2019).- Vida, la gran historia. Un viaje por el laberinto de la evolución. Destino. Editorial Planeta. 589 Pág.

(17)  El hecho de atribuir un propósito final a la Naturaleza es lo que caracteriza al pensamiento precientífico, al pensamiento mágico, es decir: el hecho de atribuir intencionalidad a todo lo viviente y no viviente, a todo lo que existe, incluyendo rocas, rayos y tormentas. Todas esas fuerzas pueden ser hostiles o benévolas con nosotros. Pero esa hostilidad, no es lo peor. Aquello contra lo que el pensamiento animista se rebela y no puede asumir es una idea de un Universo, completamente indiferente al ser humano. Esta es la clave.. Es en esa indiferencia en donde está el miedo a asumir un pensamiento científico, un pensamiento donde la intencionalidad o propósito de la naturaleza no tiene cabida. Este principio es tan universal y tan de base que no puede prescindirse de él, ni en casos determinados, (el origen del hombre y de su inteligencia, como propuso Wallace) ni siquiera provisionalmente, ni en algún ámbito limitado. (ARSUAGA, 2019 Pág. 85)

(18) MONOD, JACQUES (1971).- El azar y la necesidad. Ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna. (Traducción de Francisco Ferrer Lerín) Barral editor. 211 pág

(19) RUSSEL WALLACE, ALFRED (1914).- El mundo de la vida, considerado como manifestación de un poder creador, de una inteligencia directiva y de un propósito final. (Traducción Eduardo Ovejero y Maury). Daniel Jorro editor. 488 Pág.

(20) https://www.bbc.com/mundo/vert-earth-37968151

(21) https://www.lavanguardia.com/natural/20191125/471846331400/muere-ultimo-rinoceronte-sumatra-malasia-especie-peligro-extincion.html

Una recopilación de las cartas de Wallace conservadas se puede consultar en: https://www.nhm.ac.uk/research-curation/scientific-resources/collections/library-collections/wallace-letters-online/index.html

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