Aristóteles y la clasificación de los animales

Primeras ideas

Las primeras ideas científicas sobre el origen de los seres vivos aparecieron en la antigua Grecia.

Anaximandro (610 – 546 a. C) propuso que los seres vivos habían salido del agua. En su opinión, los seres humanos habrían surgido de peces que fueron arrojados a la costa y ocuparon la tierra.

Empédocles (492 – 432 a. C.) es recordado sobre todo porque fue quien postuló la existencia de los cuatro elementos clásicos que forman el mundo: fuego, aire, agua y tierra.

“Empédocles sostenía que los elementos primarios del universo eran tierra, aire, fuego y agua que eran eternos. Ellos no fueron creados ni podrían ser destruidos, y no se podría crear nada más. La combinación y la separación de estos elementos permitió que todas las sustancias el mundo por formarse. El amor es el principio por el cual las sustancias se combinan y la discordia es el principio por el cual se separan.

Los cuatro elementos eternos y las dos fuerzas motrices Amor y Discordia constituyen la totalidad del mundo:

Empédocles estableció también la primera gran diferenciación entre los seres vivos en dos categorías: animal y vegetal.

Los tres más grandes

Sócrates (470 – 399 a. C.) fue maestro de Platón (427 – 347 a. C.), quien lo fue a su vez de Aristóteles (384 – 322 a. C.).

La directa y breve conexión anterior reúne las tres grandes cumbres de la Filosofía griega clásica. No hubo área del conocimiento que no fuera objeto de su interés.

Aristóteles y la clasificación de los animales

Aristóteles (384 a 322 a. C.) es el gran referente griego del estudio de la Naturaleza. Asumió los cuatro elementos de Empédocles e hizo una primera gran clasificación de los animales.

Si Aristóteles hubiera levantado la cabeza unos mil quinientos años después de su muerte se hubiera llevado una sorpresa mayúscula (y cabe imaginar que también una gran satisfacción) al descubrir que sus textos gozaban de plena actualidad y su palabra era poco menos que sagrada para las mentes más brillantes de la época.

Alberto Magno (1193 – 1280), (que recibió el sobrenombre de Doctor Universalis en reconocimiento de su sabiduría), era sin duda una de las mentes más brillantes del siglo y se ocupaba de conciliar la obra del filósofo griego con el cristianismo. Su éxito fue tal que Aristóteles pasó de ser un autor sospechoso por su paganismo a gozar de un admirativo respeto que rayaba en la veneración por parte de la Iglesia. Los propios trabajos de Alberto Magno sobre el mundo natural incluyeron la clasificación de los animales de Aristóteles y también la que hizo su discípulo y sucesor en el Liceo Teofrasto para las plantas.

La tabla que puede transformarse en árbol

Una tentación difícil de evitar es la de transformar esta tabla en un árbol. Pero ocurre que la transformación traiciona la perspectiva aristotélica. Porque la tabla es una clasificación y también la Scala Naturae.

Los mismos criterios de clasificación que emplea no son equivalentes ni neutrales, sino asimétricos. No tienen el mismo valor, en términos de perfección o superioridad. Desde la perspectiva aristotélica, los animales sanguíneos son superiores a los no sanguíneos. Dentro de los sanguíneos, los vivíparos son superiores a los ovíparos, los cuales, a su vez, como indica explícitamente la denominación escogida, son superiores a los ovíparos de huevo imperfecto. Entre los no sanguíneos, los ovíparos con huevo imperfecto so superiores a los vermíparos que lo son a su vez respecto a los zoófitos.

Un árbol que es también una escalera

Por esta razón, cabe pensar que Aristóteles se encontraría más cómodo si se le diera un giro de 90º a la figura en forma de árbol, como puede verse en la figura.

El giro, que podría parecer inocente o irrelevante, aporta una nueva dimensión a la lectura de la gráfica.

En sentido horizontal puede leerse el mismo árbol, donde la izquierda se reserva para el tronco y las ramas principales y hacia la derecha, las ramificaciones de mayor detalle con clases cada vez más concretas. Es la representación de un viaje que comienza en el tronco unificador de la vida y termina en ramas que designan grupos reconocibles de organismos. Cabría continuar el trabajo hasta llegar a las especies, quizá sea lo que podríamos esperar desde nuestra perspectiva actual.

En sentido vertical, de abajo arriba se ha construido una escalera de perfección, la Scala Naturae. Peldaño a peldaño, desde el grupo inferior, Zoofitos, marcado por el número 11, se puede ascender, cumpliendo el camino de perfección. Al pasar del peldaño 7, Malacodermos, al 6, Peces, se da también un salto esencial, de animales no sanguíneos a animales sanguíneos. La escalera propicia el ascenso hasta el nivel más alto, el número 1, donde se halla el Hombre, culmen del Reino Animal y, en consecuencia, de todos los seres vivos.  

La vision teleológica

© Sensio Carratalà Beguer


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